¿Hay ángeles en las olas?

El día estaba perfecto, la derecha corría limpia, el viento soplaba suave off shore, sólo se veían algunas nubes negras en el horizonte. Fotografías _ José V. Glez / Fanfi Shop

 

Historias Radicales.

(Los ángeles de las olas)

Puedes creer o no, lo que te cuento me pasó de verdad. Ellos o ellas están ahí, velando por todos.

Estaba mediano pero petado de gente, las olas rompían de derecha. Me entraron los nervios de siempre, esa ansiedad que recorre tu cuerpo cuando llegas al pico y ves olas perfect.

Me echaba para atrás un poco la gente y que no era la marea perfecta, poco fondo y siempre en mi mente la roquita esa que está más a flor de agua.

Y esas nubes negras que pintaban de gris el horizonte y que rugían de vez en cuando, pero por el momento, el Sol brilla.

Entras y pillas tu primera ola, un rentry, un floater y a remontar, sonrisa de lado a lado, y cuando llegas al pico algo ha cambiado.

Hay menos gente, el mar se mueve de forma extraña, el viento ya no es terral y el Sol ha dejado de brillar.

Viene una serie más grande de lo normal, empiezas a sentirte intranquilo. Ya sólo estoy yo y alguno más despistado a cincuenta metros de mí.

Igual todo cambia de nuevo, pienso, y vuelve a salir el Sol, con la luz de Lorenzo todo se ve distinto.

Y de repente, el mar cambia. El viento sopla distinto, se mueven las olas de otra manera, el Sol se esconde.

 

La tormenta llegó de repente

Todo cambia de repente

 

Vuelve a brillar el Sol, por esta razón sigo dentro, pero esta vez no dura mucho, y el viento ya no sopla desde tierra, las olas vienen más desordenadas.

La nubes empiezan a cubrirlo todo. Caen gotas de lluvia, el viento arrecia, y ya sólo quedo yo en la mar.

Cojo una ola y me deja hacer un par de giros, no quiero irme ya. Acabo de entrar, quiero otra más, aunque las condiciones cambien.

Remonto de nuevo al pico. Y entonces, las veo romper, mar adentro, grandes espumas blancas. Desaparecen y crecen delante mía. Empiezo a remar con fuerza.

Pero la primera ola rompe en mis narices, tengo que hundirme con fuerza, no la llego a pasar del todo, me arrastra hacia atrás, pero logro subir de nuevo.

La primera la pasé por los pelos, pero las siguientes eran tan grandes que no había salida

 

Gigante

Olas gigantescas como edificios

Nada se parece a cuando llegué. El mar está demasiado revuelto. Y pasé con muchos apuros esa última ola. Miré a tierra. Parece que está tan lejos la orilla.

Vuelvo a mirar al horizonte, muros de agua se vienen hacia mí. No hay salida. Los nervios están haciendo que consuma mis energías.

Y entonces llega esa montaña de agua gris, que parece cemento e intentas pasarla por debajo, pero es tan grande que te tira de nuevo hacia atrás, caes desde la cresta.

Empiezas a dar vueltas, intentaba buscar una salida, no sabía donde estaba la superficie, todo era negro, ya no me queda aliento. Voy a ahogarme.

Sólo un pescador me miraba atónito. Y yo, perdido buscando entre las espumas de las olas.

 

Despues de salir rescatado

Los ángeles corretean entre las espumas

Ya no hay agua y caigo en el vacío súbitamente. Cuando toco suelo es algo parecido al algodón pero más húmedo. Se mueven miles de burbujas de un lado a otro.

Miro a mi alrededor, arriba y abajo, es como un túnel, o como una burbuja de aire. Dos seres, ¿quizás ángeles?, discuten delante mía sobre cuando echarme fuera de la burbuja.

  • ¿Estoy muerto o esto es una especie de alucinación? Pregunté en voz alta.
  • Eres el primero que nos ve. No hubo elección, las olas han crecido demasiado rápido y tú no deberías estar ahí. Te empeñaste en ir a por otra. Sin nosotros morirían muchos antes del tiempo escrito y estipulado. Dijo uno de los seres.
  • Ahora, es el momento. Gritó el otro.

Me cogieron por los brazos y me empujaron con fuerza fuera del túnel o de la burbuja. Todo fue tan rápido. Coge aire, fueron sus últimas palabras. Y me sumergí de nuevo en el revuelto de espumas blancas.

Mis pies tocaron la arena de la playa y me pude poner de pié. Miré a las olas otra vez. Observé las espumas. Sólo un pescador y yo permanecíamos en la costa.

Epílogo

Cuando voy de copas con los colegas cuento la historia, me da igual que me crean o no. Ellos, están ahí. Con un par de copas en las venas, me suelto y hablo por los codos.

Los colegas ya me han puesto mote, “el delirante”, pero yo sé que aquello pasó de verdad.

Muchas veces recuerdo aquella vez que caí de cabeza con dos palmas de agua y no toqué de milagro el fondo, o las quillas que me rozaron la cabeza, o el choque con otro surfer en medio de un tubo.

Enseguida atas cabos y te das cuenta que muchas más cosas deberían pasar y no suceden. Algo, o alguien está ahí. Evitando accidentes diarios.

Por más que intento recordar como eran aquellos seres, no lo logro. Es como si perdiera en mi memoria aquel archivo con sus caras. ¿Serán ángeles de la guarda?

¿Hay ángeles en las olas?.

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