Las 7 virtudes de un surfer

Paseaba por Benidorm una tranquila tarde de verano, y bajando una de esas calles que llevan al mar me topé con una casa de corte mediaval, con grandes puertas de madera y sobre ella dos tablas hechas de pita cruzadas, debajo un cartel.

“Pon un surfer en tu vida y tu alma se salvará”

Las puertas estaban cerradas a cal y canto, pero la curiosidad mató al gato y toqué dos veces sobre el portón. Se oía el eco en su interior, fuerte y seco, como si no hubiera nada dentro. ¿Sería una casa vacía? En ese momento se oyeron los típicos ruidos de una llave grande dando vueltas en su cerradura. Luego el típico chirrido de las bisagras oxidadas, el portalón cede y se abre. Detrás un pequeño hombre barbudo, de unos 100 años me sonríe con su único diente en su boca.

— Pase, pase, caballero.

Y me dejé llevar por el anciano de barba blanca.

— Aquí lo tiene, el libro que busca, están todas las frases de los grandes, desde Shaun, pasando por Potter, Curren, Lopez y hasta la palabra de Slater. Es el único ejemplar impreso del mundo.

Me lo puso en las manos y mientras hablaba a media voz, tiraba de mi brazo de vuelta a la salida. Me puso fuera, no me dejó abrir la boca y cerró de nuevo el gran portal de madera.

Las tapas eran de cuero y sobre ellas, escritas a fuego, “las virtudes del surfer”

Lo leí esa tarde, lo volví a leer por la noche, lo leí por la mañana mientras apuraba un cruasán en la sala de embarque, y otra vez en el trayecto a Miami, y cuando me desperté en California, mi última parada antes de llegar a Hawaii, volví a releerlo otra vez, no podía parar de leerlo, era la verdad divina del cielo puesta en la Tierra. Cuando embarqué rumbo a Maui, recuerdo que fue todo muy deprisa, pero cuando estaba en mirando el cielo, las nubes y el Sol por la ventanilla del avión, me dí cuenta que estaba más ligero. Me faltaba algo, y entonces, decidí leerlo otra vez, y no estaba, lo había perdido, busqué debajo del asiento, en los muebles portamaletas de mano, pregunté a la azafata, al sobrecargo, al que me acompañaba en el asiento, a todo el mundo. Y lo peor de todo es que no recordaba nada de lo que había leído.

No, no les voy a dejar así, poco a poco fui recordando cada palabra, cada idea escrita en aquel papel amarillo. No es tal y como lo recuerdo, pero la esencia es la que trasmito en los 7 puntos siguientes.

1ª VIRTUD.  Amantes de la naturaleza. (Saber disfrutar esos momentos que nos ofrece la naturaleza, incomparables, inolvidables)

Esa, no puede ser una de las virtudes de un surfer. Jamás olvidamos aquella sesión inolvidable, aquel día sin viento y con aguas transparentes, claras y tubos rompiendo en perfecta armonía. Amamos el planeta donde vivimos y adoramos el mar que nos dio la vida.

2ª VIRTUD.  (La amistad que se crea con otros surfers es para siempre, y es como una hermandad que se ayuda y protege)

Tampoco olvidaré jamás al chileno que conocí ese día y con quien compartí la sesión, no sé por que motivo, pero enseguida eramos amigos, como si fuera de toda la vida, y al terminar el baño, ya tenía su dirección, su email, su teléfono y lo mejor, un lugar el Chile donde quedarme y compartir con él la larguísima ola de Chicama. Y cada viaje un amigo nuevo, un lugar donde estar de paso y compartir los momentos de tus recuerdos.

3ª  VIRTUD. (Socorristas espontaneos)

Aquel día, entre mi amigo chileno y yo ayudamos a un güiri de careto sonrojado a salir del agua, se lo había llevado la corriente y estaba extenuado, en las últimas, no sé que hubiera pasado sino hubiéramos estado allí, probablemente hubiera sucumbido y habría muerto ahogado, y no es la primera vez que sacamos los surfistas a alguien en apuro. ¿Quién no ha salvado la vida a alguien de morir ahogado? Y luego en el acto, la humildad, porque no nos parece la acción del día. Pero lo es, por supuesto que lo es.

4ª VIRTUD. (Generosos y bondadosos compartiendo nuestras olas)

Aquella noche, hablamos de nuestros secretos, de aquellas olas que una vez surfeamos, no lo podemos negar, descubrimos una ola perfecta y tenemos que compartirla, necesitamos decir donde está, ¿qué valor tiene algo que sólo disfrutas tú? compartimos las olas, pecamos mucho con esto, y terminan los picos saturados, y ¿a quién no le gusta que le griten de felicidad cuando sales de un tubo profundo?, o que te digan lo bien que reentreaste esa ola, y ¿ no es este el camino para que salga nuestra vena aventurera y sigamos buscando esa ola perfecta?

5ª VIRTUD. (Viajeros incansables)

Somos viajeros incansables, nos gusta conocer nuevos lugares, mezclarnos con la gente del sitio, comer sus platos típicos, conocer lugares mágicos, probar otras olas, compararlas con las de nuestra playa, por eso en todas partes hay un Pipeline o un Kirra, o una Mundaka.

6ª VIRTUD. ECOLOGICOS.

Siempre recogemos la playa, hacemos asociaciones para la limpieza y mantener los ecosistemas marinos, muchos participamos con ONGs como GREENPEACE, y sobre todo, cuidamos el medio ambiente.

7ª VIRTUD. SENTIMIENTO Y PASION

Todo lo que nos mueve, es el feeling que nos da el océano y todo lo hacemos por pasión, la Mar nos enseña a tomar decisiones difíciles, y no sólo en lel océano, también en nuestra vidas. Es nuestra gran madre que nos cuida, nos divierte, nos quiere pero a veces nos da algún palo, para que espabilemos.

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Hace unas cuantas décadas, ser surfista era sinónimo de ser un drogadicto que no tenía solución, pero poco a poco la realidad nos ha dado la razón, que ser SURFER es lo mejor que me ha pasado en la vida, en nuestras vidas. Ahora, el surf tiene academias, monitores, escuelas, y todo mundo que nos rodea. Es una religión que nos acerca a la realidad de la vida y no la que hemos creado que nos aparta de la Tierra donde vivimos. Pero no todo es tan bonito como lo pintamos en este post y cada virtud se puede desmoronar facilmente cuando no seguimos el código no escrito, y aunque hemos ido avanzando mucho, todavía veo señales de los malos hábitos que teníamos en el pasado, esos que nos hacen caminar por sendas del lado oscuro del surfer.

 

Si trasladamos el post de los 7 pecados de un surfer, y contrastamos las virtudes del catecismo católico, encontramos esas mismas virtudes en el surfista de hoy.

1º HUMILDAD. Cuando nos sobrepasan en calidad, no queda más remedio, no somos Slater, y pronto descubrimos que el mar es más poderoso que nosotros. Aprendemos pronto a ser humildes, nos lo enseña la madre Tierra.

2º GENEROSIDAD. Virtud 4

3º CASTIDAD. No nos dejamos llevar por ella ni dentro ni fuera del agua.

4º PACIENCIA. Aprendemos muy rápido a tenerla, hay que esperar las olas y y esperar a que los demás cojan la suya.

5º TEMPLANZA. Ayudamos a los más pequeños a que cojan su ola, dejamos a otros surfear, Recuerda que cuanto des, se te devolverá multiplicado por 7.

6º CARIDAD. Con los que no pueden surfear, les ayudamos a batir sus miedos. a enfrentarse a sus deficiencias, a tomar decisiones complicadas para llegar al feeling

7º DILIGENCIA. ¿Quién no madruga para coger una buena ola? La pereza está lejos del alma de un surfer.

 

Conclusión, pon un surfer en tu vida y no sabemos si se salvará tu alma, pero te lo vas a pasar pipa con el surfista o la surfista, si amas la vida, la aventura, la naturaleza y la solidaridad para con el resto de la humanidad. De todo hay en la viña del señor, luego no me diga nadie que encontró un surfer perezozo, que no limpia lo que ensucia en la playa, que las olas son solas para él, que no es amigo de nadie y que nunca sale de su playa. De esos, quedan pocos, y están en vías de extinción.

Las 7 virtudes de un surfer.

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