Sensaciones de un Surfer

¿Cómo conociste el Surf? ¿Te acuerdas?

Aquella vieja peli de Kong Island. Entonces corrían los ochenta. Yo no sabía que eran aquellos tipos vestidos de colores fluorescentes con unas especies de balsas que se tiraban a chapotear entre olas perfectas en algún lugar cerca de Australia, donde el Sol brilla todos los días y la brisa se mantiene siempre terral. Recuerdo algunos títulos que veía mi vecino una y otra vez hasta rallar los DVDs. A Sunshine Sea, The Endless Summer, Super Session son algunos de los títulos que me vienen  a la memoria. Puedes descubrirlos aquí.

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Entonces yo estaba en pleno proceso de descubrimiento del sexo opuesto, mis primeros cigarritos a escondidas, el primer canuto, que recuerdo como nos reuníamos como el suceso del año en torno a aquel tío con chivita y el aro plateado colgando de su oreja derecha que enrollaba en un papelito tabaco mezclado con una especie de nocilla. Y aquel olor, que encontraba un salón esperándolo dentro de mis fosas nasales.

Pero la primera sensación del surf, fue visual, la viví de unos colegas de verano que se tiraban con sus Mach 7-7 de la marca de bodyboards Morey Boggie a atravesar de lado a lado las olas de las playas de los hoteles. Aquel momento fue casi clave en mi vida.

Si, el Surf llegó tarde a mi vida, a los 17 años. Pero llegó como una explosión de dinamita, como una bomba atómica llena de sensaciones, olores y colores.

Empecé con el bodyboard pero a los dos meses de dominarlo decentemente bien, descubrí la obra cumbre del surf, aquella maravillosa película, El Gran Miércoles.

Y al día siguiente estaba en Orca Surf Shop, buscando la primera tabla de surf de mi vida. Seguramente fue Miguel quien me vendió por unas 10.000 pelas aquella Trota´s Canarias, shapeada por “Guaela”, un clásico trifin de casi 7 pies de largo. Y entonces llegó ese olor, que embriagó mis sentidos, a coco, esa pasta pegajosa que recorría la superficie de la tabla, el wax, que se derretía del calor propio del verano canario. Porque en Canarias no le decimos “parafa”, aquí, lo primero que llegó fue SEX WAXy “guass” se quedó para siempre en nuestras memorias. Desde los ochenta hasta hoy.

El esfuerzo que fue para mí remar hasta el pico la primera vez no lo olvidaré jamás, era sólo falta de costumbre, o de fuerza, o que la tabla era un transatlántico de cojones, o un poco de las tres cosas a la vez.

Y no pude ponerme de pie, así que busqué una ola con un tamaño decente donde poder empujar mi tablón y poder surcar las olas. Cuando me puse encima de la tabla por primera vez en mi vida, y llegué al bottom de la ola, giré y encaré de nuevo la pared azul de agua y sal, en ese momento, ya estaría perdido para siempre.

Only a surfer knows the feeling, eslogan de una gran marca de surf, y probablemente así nos sentimos los surfers, de una especie diferente, que ha encontrado la religión verdadera, la que está marcada por las mareas, los vientos y los mares del Norte.

¿Cuántas emociones puede dar el surf?

Ahora, con el transcurso de los años, las emociones se dilatan y se funden unas con otras. El viento que roza tu cara cuando bajas a toda velocidad una ola rápida, la estela del cutback, la fuerza del reentry, la longitud del floater que hace recorrer la ola en el lado prohibido de esta para retomar de nuevo su cara.

¿Y el primer tubo de tu vida? Lo recuerdo como si fuera ayer, el primero con los ojos cerraditos y diciéndote para tus adentros “que sea lo que Dios quiera” y sales y con los ojitos cerrados, sabes que lo has conseguido, porque abres los ojos justo cuando ya estas fuera. Hoy en día sigue pasando. Pero el sentimiento crece cuando te abraza en su interior la habitación verde turquesa y eres capaz de disfrutar cada rincón siguiéndolo con tu mirada y correr en sus adentros. Recuerdo decir que era como tener un orgasmo, salvando las distancias, la alegría que te abraza cuando coges una ola y te deja surcar sus adentros no se puede describir con las simples palabras de un mortal. Una experiencia religiosa, como el amor de Enrique Iglesias.

El surf te hace sensible a los olores del océano, cuando llega septiembre, el aroma del mar es diferente, lo sientes en tu nariz. Cuando nadas hasta el pico y hay chicas en él, su olor, el de su perfume te rodea en sensaciones únicas. El Surf, se toca, se huele, se ve, se siente, y ese sentimiento es tan abstracto como la tristeza y la alegría. Y no desaparece cuando estas con los pies sobre la tierra, nos juntamos para disfrutar las noches recordando la sesión de ese día, para beber cerveza en un pub que ponen videos de surf, y cuando tienes tres copas de más te subes al capó del coche mientras un colega acelera, y gritas con todas tus fuerzas: – “Estoy haciendo surf”.

Y tus amigos de siempre creen que te ha picado una medusa, o que te caíste por el balcón, porque nadie entiende ese cambio de perspectiva en tu vida. Sólo el que ha surcado los bravos mares, el que ha probado de un bocado una pastilla de parafina porque huele de maravilla, o ha sufrido un revolcón de esos que quitan el hipo, saben lo que es el sentimiento. Y si no lo pruebas nunca, nunca descubrirás esa sensación, las sensaciones de un surfer.

¿cuales fueron tus sensaciones, son diferentes a las mías? Nos encantaría descubrir las vuestras, nos encantaría saber de vuestros feelings… 

Sensaciones de un Surfer.

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