Paraíso del surf, olas perfectas, ¿dónde está?

Paraíso del surf, olas perfectas, ¿dónde está?

Un email a mis colegas

A ver a quien le envío este email.  Rubén, Javier, Lola, Patricia, Ainara, Jorge, José y Miriam. Más no que entonces esto dejará de ser un paraíso del surf.

Asunto: TE LO DIJE, HE ENCONTRADO LA OLA PERFECTA , el paraíso para los surfers existe.

Queridos colegas:

Ya les dije que me iba a buscar el mejor lugar del mundo para surfear. Muchos me dijeron Hawaii, Indonesia, o Australia. Pero son lugares que funcionan 6 meses al año y yo buscaba un sitio donde haya olas perfectas todos los días.

Imposible, me solían decir Rubén o Javier, mientras Ainara y Patricia decían que estaba ido de la cabeza. Que ese sitio no podía existir.

¿Cómo va a existir un lugar con condiciones perfectas todos los días?

 

¿Existe el paraíso del surf?

No sé la de tiempo que he navegado siguiendo las puestas de Sol. Y siempre entre los trópicos. Siempre he creido que si tienes que usar neopreno ya no sería un paraíso.

He perdido la cuenta de las decenas o cientos de islas donde he desembarcado con mi pequeño velero. He pasado años en El Caribe y luego, salté a Pacífico. En el Caribe encontré lugares mágicos y agua cálida, pero tiene la desgracia de los huracanes.

He arribado a decenas de islas de la polinesia. Y al final dí con la isla perfecta. Dí con el edén, con el paraíso en la tierra. Puedo decir que si exite el paraíso del surf.

Cómo es el paraíso del Surf?

La isla, que ya les describiré al final como llegar, tiene forma circular e irregular, porque está llena de calas, a cual más bella. Sus calas son pequeñas playas bordeadas por suaves colinas llenas de cocoteros.

Está justo sobre la línea del Ecuador, en medio del Pacífico, así que siempre recibe olas, del norte, del sur, de cualquier dirección. Da igual que sea verano o invierno. unas veces las olas rompen en el sur y otras en el norte.

Y su situación hace que nunca corra riesgo de tifones. Pasan siempre más al este, más al oeste o más al norte o al sur.

Hay olas para todos los gustos. Grandes para tamañeros, peligrosos slabs con medio palmo de agua, que harían las delicias de un bodyboarder como Javi, largas llenas de secciones y beachbreaks perfectos sobre arena blanca que abren de derecha e izquierda.

 

Las olas en el paraíso del surf

Yo paso del tamaño y de los slabs, me gustan más las olas recogidas y orilleras. Pero les digo que la isla tiene de todo y los 365 días del año.

Hay unos beach breaks que suelen romper todo el año de entre medio metro y tres cuartos que son la bomba. Aquí las olas nunca, nunca cierran. No me pregunten por qué, he hablado con los pescadores locales y parece ser que es por las corrientes que convergen en las calas.

Hay una pequeña Mundaka, aunque a veces es tan heavy y grande como esa ola, hay una derecha larga con secciones. Y hay picos orilleros que cuando sales del tubo estas en la arena con el agua por las rodillas, dos brazadas y de nuevo en el pico.

 

El Clima del paraíso del surf

Seguramente estarán pensando que algo debe fallar. Les aseguro que llevo dos años y sólo unos 20 días por año no se puede surfear porque no hay olas, y nunca, nunca se desfasa.

Como hay decenas de calas, la fuerza se queda fuera y dentro como mucho rompe un metro. Pero si quieres surfear más de un metro no hay problema, según la dirección de las olas en un lado de la isla está monstruoso y según vas cambiando de lugar la fuerza va menguando.

No hay viento. Al estar en el mismo Ecuador, los vientos son suaves brisas y casi nunca corre lo suficiente para hacer windsurf o Kite. Así que nunca tendremos el problema que se llene de velas.

La temperatura exterior en invierno es de 23ºC y en verano rara vez sube por encima de los 28ºC. Y lo mejor es la temperatura del agua. Siempre a 24ºC. Siempre surfeas en boardshort y solo alguna vez usas chaquetilla o un neopreno fino porque hay olas que rompen sobre roca y con poco fondo, pero sólo si quieres surfear ese tipo de olas porque si quieres olas de arena tendrás eso todo el año.

Aynara, que recuerdo que estás aprendiendo aquí hay olas perfectas para aprender. Te digo que nunca he visto un lugar igual.

Los peligros en el paraíso del surf

En dos años no me he cruzado todavía con un tiburón, los pescadores locales nunca han pescado un escualo, así que por aquí de tiburones nada.

No hay animales venenosos, ni mosquitos. Lo único que hay que te puede picar es un cangrejo o una abeja. Nunca hay tormentas y cuando llueve igual llueve durante 6 días seguidos, pero es una lluvia floja que no te molesta para surfear y a veces se agradece porque el agua es más fresca y te refresca del calor.

 

Los locales

Lo mejor de todo es que no hay locales. Hay un pueblo de indígenas que habitan la isla desde hace muchos siglos. No saben lo que es una radio y viven en chozas de madera. Me han acogido como si fuera un Dios.

Es un pueblo noble y sabio, y siempre que salgo del agua ya tengo la comida preparada. Al principio te tienes que adaptar a su alimentación, pero la isla tiene de todo y les he enseñado a hacer tortilla de papas y me atiborro a aceitunas, papaya, plátanos y mil cosas más suculentas.

El pescado es obvio que no falta, pero este pueblo se dedica más a la agricultura y la ganadería. La isla es pequeña de unos 5 km2, pero tiene de todo, riachuelos de agua mineral limpia y clara, árboles frutales, palmeras, cocoteros etc.

Sólo hay gente joven en la isla. Al cumplir los 40 años parten a una isla vecina, todavía no sé por qué. Además sus rasgos son europeos. Parece ser que hace 500 años se mezclaron con la tripulación de un buque holandés. En general son un pueblo agradecido en belleza. Lo que más me choca es que no existe el matrimonio, y cada uno elige si vivir con una pareja o con varias a la vez. Es raro pero muy liberal a la vez.

Hay líderes que cambian cada cierto tiempo y que yo sepa sólo mantienen contacto con otro pueblo que vive en una isla cercana, con los que mercadean. Este otro pueblo si tiene contacto con la civilización porque hay cosas en la isla de nuestro tiempo.

 

La diversión en el paraíso del surf

Seguro que Jorge se preguntará si terminas aburrido de tanto surf. No Jorge, tienen fiestas casi todas las noches, hacen tres tipos de bebida, ron, licores y cerveza, además de zumos de mil frutas diferentes.

Bailan todas las noches a la luz de una hoguera, es increíble la vida de aquí. Te olvidas de centros comerciales, de coches, de ruidos, y tiene todo lo bueno de nuestra sociedad y nada de lo malo.

 

desde-el-manicomio

La enfermedad del “churfing”

  • Doctor Rodríguez, por favor, ¿puede venir a la habitación 257?
  • ¿Otra vez la surfista loca?
  •  Sí, lleva encerrada con llave toda la mañana.
  • ¿Se está tomando la medicación?
  • Sí, doctor, sí, hace tiempo que ya no hace falta que estemos con ella para que se trague la pastilla.
  • Pues seguro que hace tiempo que no se la traga. La última vez fue así. Ahora habrá que aumentarle la dosis. Voy para allá, alcánzame una caja de redusurfing.
  • Sus amigos están esperando porque ya es la hora de las visitas.
  • Que pasen, esto nos ayudará a que se enfrente con la realidad.

La búsqueda continua.

Ya nos gustaría a todos sentir de lleno el delirio de esta surfer enganchada. O poder descubrir un lugar así. Quizás existe de verdad, o quizás sólo existe en nuestros sueños. Por eso Kelly Slater ha tratado de construir la ola perfecta, o Wave garden o American wave machine.

Todo es encontrar una ola que te haga soñar, como lo hizo Curren en sus vídeos de THE SEARH, a principios de los 80

Muchas veces me han preguntado que se siente cuando te haces un tubo, o cuando haces un rentry vertical, la sensación del cut back, el sentir que la ola te vuelve a empujar de nuevo hacia algo desconocido una y otra vez. Somos exploradores por naturaleza, todavía no hemos explorado los océanos y ya pensamos en ir a Marte.

Las sensaciones del surf son únicas, nada se puede comparar a ellas. El disfrute de cada ola, siempre con el viento y el Sol como compañeros de viaje. No estamos enganchados al surf. Estamos enganchados a sensaciones, y esas que nos da el mar, no las da nada ni nadie.

¿Es una enfermedad ser adictos al placer? ¿Es malo hacer tanto surf, pensar en surf y en olas todo el día? Es mucho más que todo eso, somos exploradores del siglo XXI, y buscamos la ola perfecta. 

A lo mejor no buscamos la ola perfecta, sólo la sensación que nos haga sentirnos vivos de verdad. A veces una ola chopi te hace volar y caer de nuevo. Y esa ola se convierte en algo especial.

Seguiremos buscando la ola perfecta, como siempre, los descubrimientos no existen hasta que los compartes. Si sólo los vives tú, morirán con tus recuerdos, es como si no existieran.

 

Canarias, paraiso del surf
Los mejores Surf Bar de Fuerteventura

Los mejores Surf Bar de Fuerteventura

Banana surf bar

¿Qué sería de nosotros sin los bares?, ¿dónde quedaríamos con los colegas?, ¿dónde tendríamos esas charlas de nuestros baños tan especiales?, ¿dónde veríamos esos vídeos de Surf que nos dejan atontados?

 

En ellos nos olvidamos de ser, nos olvidamos que el tiempo no duda. En ellos perdemos su noción soñando con olas perfectas.

Recuerdo la primera vez que pisé Fuerteventura. Imposible olvidarlo, si llevas tiempo soñando todo lo que te contaban. Una vez que sientes su aroma estarás perdidamente enamorado, y piensas que jamás te pasará a ti, pero una se equivoca y es cierto, yo me enamoré de la isla, de sus olas, de sus bares y …

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Allí, en ese bar, en esa mesa surgió nuestra historia

 Y mientras la vida pasa, en los bares suceden historias 

 

Hacía unas semanas que no salía a tomar algo por Corralejo, pero esa noche hacía un calor que pedía a gritos una cerveza. Salí pitando del trabajo para ir al Buena Onda, uno de los bares que me tiene loca, se respira surf por los cuatro costados.

La brisa del mar se estrellaba en mi rostro mientras esperaba mi tropical fresquita, de repente, sentí una sensación que dominaba cada espacio dentro de mi, levanté la vista para buscar de dónde provenía esa sensación, esperaba de esas miradas que cuando levantas la vista son desviadas de inmediato.

Para mi sorpresa, lo que encontré fue unos ojos brillantes, como sorprendidos de encontrarse con los míos.

Parecía que nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Habíamos conectado a la perfección. Estuvimos horas hablando y viendo vídeos de surf. Era hora de irme, tenía que madrugar para ir a trabajar, no sabía si volvería a verlo, ni tan siquiera su nombre.

Cuando me despedí de él, nos abrazamos y dejé que me besara. Me fui de ahí, no sin antes de volver la vista varias veces para seguir mirando esos ojos tan alegres que tanto me gustaron, y me sujetaban de cerca.

FUERTEVIDA

Nos soltamos, comimos y terminamos en la playa

No había pegado ojo en toda la noche, parecía que el silencio era el renglón de pensar en el, así se reflejaba en mi rostro, pero tenía que concentrarme y continuar mi día. Las horas pasaban y seguía mi rutina de ir a comer a Fuerte Vida sus sabrosas arepas.

Estaba lleno, era imposible coger mesa a la sombra, cuando ya pensaba en irme una voz que conocían bien mis sentidos, me invitó a sentarme. No me lo podía creer, era el, con el mismo brillo en sus ojos, se aproximó a mi y volvió a besarme. Un beso dulce, lento.

Una vez perdida la compostura  nos soltamos, comimos, reímos, y terminamos en la playa. Quería surfear las olas de Fuerteventura. Le llevé a Esquinzo y su cara reflejaba que había acertado, sobraban las palabras.

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Noche de música en vivo

Después de un par de horas en el agua regresamos a Lajares, era noche de música en vivo en el Return, y no se lo podía perder.

Nos comimos sus deliciosas pizzas y unas cuantas cervezas. La música era una excusa más para acercarnos y perder la cabeza con esos besos.

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Su mente y la mía estaban en sintonía

Era una noche que pedía a gritos no acabar nunca, y así fue. Regresamos a Corra y fuímos derechos al Banana y Tequila.  No sé que estaba pasando, pero su mente y la mía estaban en sintonía.

Bailamos sin parar, construyendo huellas en el camino aparecimos en el Babel, un lugar mágico, no nos pudimos resistir a  jugar al ajedrez, moviendo el peón del tablero y de nuestras almas…

 

CONTINUARÁ…

 

Una manada entre las olas

Una manada entre las olas

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Algo venía hacía mí

Sonará a tópico, pero el garaje del centro comercial estaba abrumadoramente solitario a esas horas de la noche. No era muy tarde, pero cerrarían en breve. Venía con mis bolsas cargadas del supermercado. Y mis chanclas sonaban estrepitosamente originando ecos por todas partes.

Pero no era eco el sonido que se oía tras cada paso que daba.Era como si una bestia con garras anduviera dos filas más allá de los vehículos. No le dí importancia hasta que oí el rugido. Entonces frené en seco y me agaché para mirar entre los coches, solté las bolsas y me tumbé lentamente sobre el suelo.

Miré por debajo de los coches. Brinqué sobre mis pies, agarré la compra y corrí como un poseído hasta la puerta de mi coche.

El pobre, llevaba conmigo más de 10 años y las puertas no abrían desde fuera, así que abrí la ventana trasera, que se suele atascar cuando se desliza, pero tomé el máximo cuidado para que se abriera lo más rápido posible.

Metí el brazo, subí el seguro, abrí la puerta mientras oía el rugir de un perro furioso que venía corriendo hacia mí.

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En el RETURN se les veía por las noches, pasadas las doce.

Cuchicheos entre sombras

Eché mi tabla de surf a un lado, subí y cerré la puerta con toda mi alma, y en ese instante, la bestia se estampó contra el cristal. Era un perro enorme, negro con la mirada inyectada en sangre. Empezó a gruñir alrededor del coche y en una de esas saltó sobre el capó.

Empecé a inquietarme y busqué la llave para aflojar las tuercas de las ruedas. Si no se va, salgo y le meto la llave en la cabeza, pensé.  Aunque si he de ser sincero, no tenía el valor para enfrentarme a un perro enorme, o eso parecía, de más de 80 kilos.

Me volví con la llave en la mano y ya no estaba. Desapareció como por arte de magia. Unos metros más allá estaban los chicos búlgaros, ese grupito del que hablábamos y cuchicheábamos entre sombras cuando veíamos videos de surf en el Buena onda o el Chill out.

Estaban metiendo una compra en el portabultos de su coche destartalado y una de ellas, me miró y se quedó con la mirada fija. Tuve una sensación rara, arranqué y salí de allí pitando.

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FUERTE VIDA era el lugar de paso de la manada, aquí tomaban algo de camino a las olas, siempre al atardecer.

Surfeaban siempre juntos

La primera manada que conocí fue por finales de los años ochenta. Era el primer grupito de surfers que se formaba en Pto del Rosario. Venían todos juntos en una furgona roja.

Pero estos amigos se separan y se unen a otros grupos y los grupos van cambiando. Pero a mediados de los noventa llegó un grupo del este de Europa que hacían surf. Chicos y chicas, y estos si que eran especiales. Siempre estaban juntos, iban a surfear juntos y pasaban los años y nunca se separaban.

Eran tres chicos y dos chicas. Hasta que Tamara, empezó a ir con ellos a todas partes, al principio sólo hablaba de lo guay que eran. Luego de lo que le gustaba Anton, el más alto y fuerte del grupo.

Tamara empezó a actuar de forma muy rara, primero se fue alejando del grupito nuestro. Cuando coincidíamos, a veces hacía algo raro, olisqueaba el viento, me miraba y decía alguna chorrada como que las olas venían un poco desordenadas, aunque he de admitir que con la nariz acertaba siempre.

Veía las series antes que nadie, se ponía de pie en take off tardíos sin perder nunca el equilibrio y en sólo unos días pasó de ser la frágil Tamara a tener más huevos que nadie en el agua. Lo que nos hacía a todos ponernos el listón cada vez más alto.

Las noches entre cervezas eran monotemáticas y Tamara y sus grupo salía en casi todas las conversaciones.

  • Está muy rara desde que sale con Anton, decía siempre Fran.
  • Siempre han sido raros. ¡Bah!, que más da, una menos a la que saltarle las olas, decía Héctor.
  • Esos siempre llegan cuando todos nos vamos. No sé para que van a surfear, sólo les queda media hora de luz.
  • Es muy raro, ¿alguien les ha visto salir del agua? Todos nos vamos cuando se hace de noche, pero ellos desaparecen cogiendo olas en la oscuridad.
  • Si, es muy raro.

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Anastacia

Algo se movió en mis tripas la primera vez que ví a Anastacia surfeando.

Uno más de la manada

La manada, como la llamábamos todos, seguía apareciendo al atardecer, pero una mañana, en la que había decidido madrugar para aprovechar un buen parte, me los encontré a todos. Ya no eran 6, había una chica nueva. Y no podía dejar de mirarla. Era perfecta, de esas bellezas nórdicas que te dejan sin respiración.

Empecé a dejarme caer por el Boardriders, sabía que era el sitio donde siempre iban a tomar una birra por las noches. Era como una droga que dirigía mis pasos una y otra vez hacia la chica nueva. La buscaba en cualquier esquina, buscaba el coche negro de la manada cuando llegaba a la playa. Buscaba su caminar sensual entre las calles de Corralejo.  La buscaba por todas partes.

Y la encontraba, sabía donde encontrarla y nuestras miradas se cruzaban, un instante, pero para mí era suficiente.

Tamara tiró de mi brazo con fuerza aquella noche, con demasiada fuerza para sus brazos delgados, pero no me importó su apretón ni su tirón, me llevó derecho a Anastacia. Por fin supe su nombre.

  • Verdad Juan, verdad, que tu sabes de una ola secreta por el Norte.

Yo no oía nada, sólo estaba admirando la profundidad de sus ojos verdes claros.

  • Eh, sí, sí, claro.

Anastacia cogió mi mano y me arrastró a una de las mesas de la esquina. Pidió dos cañas y empezó a hablar. Con ese acento del este rumano.

  • ¿Te gustaría salir conmigo? Quiero decir, ir a surfear un día. Acabo de llegar y mis colegas están siempre en rollo pareja y me siento desplazada. ¡Di que sí, di que sí!
  • Claro, ¿Cuándo?

No podía salir de mi asombro. Vaya suerte que tengo. No me lo podía creer.

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Anastacia-Tatto

Cuando se retiraba el pelo dejaba ver ese lobo tatuado en su espalda.

Una relación abrupta

Y ahí empezó mi relación con Anas. Empecé a quedar con Anastacia al principio para ir a surfear, pero no sé cuando empezamos a ir con toda la manada. Eran raros pero surfeaban muy bien,  y vestían muy góticos, siempre de negro y esos tatuajes tan raros, con lobos y lunas. 

Una  noche de acampada en medio de risas y cervezas frías me cogió la muñeca y me preguntó.

  • ¿Quieres formar parte de la manada?
  • Creo que ya soy parte de vuestro grupo.
  • Todavía no, tengo que contarte algo.
  • Sea lo que sea estoy muy bien contigo, aunque tienes algunas manías raras. Eso de olfatear cuando llegamos al pico, el que puedas correr más rápido que yo y el que no me hayas invitado a tu casa todavía. 3 meses y sólo un beso en tus labios.
  • Por eso quiero hablar contigo. Y apretó con más fuerza mi muñeca.
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Miré su mano y estaba cubierta de pelos y garras. Debía estar alucinando. Tanta cerveza…

Miré su bonita cara mientras los otros bailaban y aullaban alrededor de la hoguera.   ¿Aullaban o gritaban? Parecían perros bajo la luna, o lobos. Se pusieron todos a cuatro patas, Anas me cogió la cara con fuerza y me miró profundamente.

  • ¿Quieres o no quieres?
  • Si quiero, si quiero.

Y  su boca se acercó a la mía y me mordió el labio con fuerza.

La sangre brotó pero estaba perdido, estaba enamorado. Y cuando abrí los ojos estaba solo, habían desaparecido todos. Medio borracho trataba de parar la hemorragia del labio.

Maldita Anastacia, donde te has metido, me pones la miel en mis labios y seguida me la quitas.

Mark-Slave-tatto

Sus tattos siempre en el mismo sitio. Mark Slave. Me decía Anastacia que era el mejor.

Nueva vida

Me dolía la cabeza un horror la mañana siguiente, pero Anas no paraba de tocar el claxon del coche negro descapotable. La saludé desde la ventana, me vestí y bajé al porche.

  • Sube, hoy empieza tu nueva vida.

No dije nada y me dejé llevar por sus encantos.

  • ¿A dónde vamos?
  • A Mark Slave, tienes que hacerte un tatuaje.
  • No me gustan los tatuajes
  • Si quieres pertenecer a la manada tienes que hacerte un tattoo, si quieres estar conmigo tendras que sufrir neno.

Me solía llamar Neno, lo que me hacía mucha gracia.

  • ¿Un lobo? Somos surfers.
  • ¿Tu grupito no nos llaman la manada?
  • ¿Pero un tatto de un lobo?

Juan, ahora eres un lobo de la manada, y yo seré tu loba.  Para siempre. Viviremos alimentándonos del miedo de las personas. Surfeamos por placer y este grupo está enganchado al surf, nuestro poder se magnifica en las olas, pero nadie debe saber que somos.

Somos Lobos, lobos de mar, lobos de las olas.

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En esa esquina del Boardriders me pidió que saliera con ella.

Aquella tarde me lo contó todo, que me iba a pasar los próximos días, como aprender a controlar la metamorfosis y sobretodo lo del día al mes dedicado a la caza. Los pelos y los colmillos, las garras y las colas.

  • Pero Anastacia, los hombres lobos solo existen en las películas y en las novelas.
  • Dímelo esta noche, cuando tu cuerpo se retuerza de dolor mientras te crecen las garras y te sale el pelo.
  • ¿Estas hablando en serio?
  • Nunca he hablado más en serio en mi vida.

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Kelly slater es un Lobo de las olas. Hay varios en el tour. Su surf sobresale del resto.

Atado con cadenas en el sótano de su casa, mientras todos me miraban, me transformé por primera vez. Y una vez convertido en monstruo mi sed de sangre era tanta que amenazaba romper las gruesas cadenas con cada zarpazo que daba al aire. Era mi bautizo, fue terrible. Pero poco a poco y con la ayuda del grupo fui controlando mis deseos.

El que más me costaba era el de sobresalir haciendo surf sobre todos los demás. Una noche sentados en el confortable sillón del Dodo, un resturante polaco de Corralejo, Anastacia me contaba que en el tour había varios de nosotros. Kelly Slater, John John, Gabri.

¿O piensas que un humano puede surfear a ese nivel?  Ellos son como nosotros pero han decidido mezclarse más entre ellos. Nosotros no podemos hacerlo, nos delataríamos, no tenemos tanta fuerza de voluntad, en algún momento saltaríamos y entonces saldría a la luz la verdad.

La verdad es que los monstruos existen, están viviendo entre nosotros, puede ser el panadero, el fontanero, el chofer de la guagua. O pueden ser un grupo de adolescentes surfistas que van a surfear en las noches claras, cuando la luna ilumina el agua.

Todos tienen una marca que les delata, búscala en sus espaldas. 

 

 

Guía de surf
El negro que me saltó una ola

El negro que me saltó una ola

Un día de olas perfectas

Ese día clásico, con vientos suaves y terrales, olas verde turquesa y perfectas. Y nadie en el agua. A primera hora de la mañana. Te olvidas de todo, te enfundas tu neopreno sin dejar de mirarlas.

Una serie de tres olas perfectas, con el tamaño perfecto. Atas el invento al tobillo y corres, ¡que digo corres!, vuelas a la orilla de la playa.

Las olas tiene recorrido, tres o cuatro giros, en el take off, si lo haces a contrapico puedes meterte en una caverna perfecta. Intento esa jugada una y otra vez, pero no consigo pasar la sección y me revuelco con las espumas, pero no pasa nada, está tan bonito el día, tan brillante el Sol.

La veo llegar, una ola perfecta y estoy en el lugar adecuado, remo, take off tardío y giro a media pared para el tubo. Este se abre más que los otros, es más amplio y veo la salida al fondo, sólo un par de segundos y estoy fuera, me queda una pared larga, glassy, perfecta, llena de oportunidades de disfrute.

 

El negro apareció por arte de magia

 

Hago un rentry potente y vuelvo a la base de la ola , busco el labio para golpear otra vez y alguien se desliza desde arriba. Le grito pero no hace caso, le sigo con la mirada encendida y le veo volar con un aéreo reverse, lo cae perfecto y sigue a por otra maniobra.

Yo ya perdí la ola, y no sé que me da más rabia, la saltada en sí o el aéreo que se acaban de hacer delante de mi chopa.

Vuelvo al pico y miro a la orilla, tratando de clavarle mi mirada enfurecida al surfer saltón. Y viene remando, con fuerza.

Me percato de dos cosas,lleva neopreno negro y su cuerpo es tan negro como él,  como si este continuara para taparle cada centímetro de su piel. 5 metros antes de llegar a mí me habla con nervios.

  • Hey man, perdona, no pude controlarme, era tan buena la ola…

Tiene un deje raro en su acento. Le respondo indignado:

  • Chacho, estamos solos y, ¿ me saltas una ola?
  • Folk, my friend, la próxima es toda tuya, for you.

Y vuelve a mezclar el inglés con el español, y terminando la frase, sonríe, esa sonrisa que destaca en las personas de color, dientes blancos, casi color perla, que te encandila. Y a mí me sube la rabia por dentro,  (Jodido negro de mierda), pienso para mí.

Los negros no surfean!

Un negro, ¿surfeando? Reflexiono un minuto. Bajo la cabeza y me doy cuenta de lo extraña de la situación. Canarias, un día de olas y de mucho calor y un negro me salta una ola. Es la primera vez que veo uno de estos surfeando y la primera vez que veo uno tan negro y surfeando tan bien. Porque no es uno de esos que viene de Brasil o uno de esos marroncitos a los que los americanos llaman Brown. No, es uno de esos de Guinea Ecuatorial que son tan negros que si van en pelotas por la calle a medianoche no los ves ni con una linterna.

  • ¿Tú de dónde vienes?
  • My brother, non start con el localismo, por favore…
  • No, perdón, sólo es que eres tan… de color que de aquí no eres.
  • Chico, los surfers no somos de ninguna parte y somos de todas. Mira, ahí viene tu ola, toda tuya. Te la debo.

Miro la serie, perfecta, levantándose y remo para coger la primera. Esta vez sí, me hago otro tubo y sigo la ola hasta la orilla, mientras voy cruzándola busco velocidad, quiero volar como el negro. No lo consigo. Me frustro.

¿Por qué no hay negros surfeando?

Vuelvo al pico y el negro ya no está. Ha desaparecido. Viene otra serie y vuelvo a agarrar otra ola. En el camino me lo encuentro remontando, me grita cuando hago un rentry. Remonto y lo veo volar otra vez, como si fuera Julian Wilson, un aéreo, dos, tres. Y no hablamos más en todo el baño, siempre había uno surfeando y otro remontando.

Agotado, miro desde la orilla las olas y un negro que las destroza, literalmente hablando. Me doy la vuelta y abandono la playa.

Relajado en casa, delante de mi portátil, escribo: Surferos negros.

Hay miles de resultados pero pocos por no decir ninguno habla del tema.

Cambio la pregunta. ¿Por qué los negros no nadan?

Me devuelve Google un montón de respuestas, la primera de la revista Muy Interesante. Pincho esa misma, como no, la primera es la primera y la que más visualizaciones tiene. Y mientras me salta un anuncio de una chica en la playa y la libertad que le da el tampax, leo un par de párrafos.

Resulta que los negros tienen los huesos más densos, y pesan más que el de los blancos. No me convence la respuesta, ¿por qué son los mejores corriendo y no nadando? Y aún más, aunque tengan los huesos más pesados o los músculos, el Surf es un deporte de explosión, perfecto para un negro fibroso.

Entonces,¿ por qué no hay más negros haciendo Surf? Está claro que el que me saltó la ola iba como un cohete. Quizás tengo que hacerme otro tipo de preguntas como ¿dónde viven los negros? ¿Africa Subsahariana?, ¿países pobres? ¿Puede que sea porque la mayoría viven en países tercer mundistas? No, esa respuesta no se sostiene mucho. USA  está llena de negros que llegaron como esclavos hace 500 años y USA es la primera potencia en el Surf y no hay negros… USA a no ser que John John o Kelly Slater sean negros camuflados.

No me como más el coco, me viene a la cabeza un chiste de Manolo Viera, aquel que habla del racismo. Creo recordarlo bien:

Si vas por la calle en medio de la Isleta y te cruzas con un negro, no pasa nada, piensas, un negro y sigues tu camino.

Pero, si vas por la acera y vienen hacia ti 20 negros. Cruzas enseguida y dices en tu interior, cuantos negros, así que no seamos hipócritas.

 

 

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Los blancos no la saben meter

 

Recojo a Julio en su casa y nos vamos a por unas birras al Boardriders. A las 7 de la tarde no suele haber mucha gente y el ambiente, surfer a tope, nos encanta. Pero cuando las horas pasan se empieza a llenar de gente, y entonces vuelve a la escena el negro.

Al principio no me percaté que estaba allí, alumbraban más las dos rubias con las que iba. Todas las miradas se posaban en ellas. Las mías también.

Fue él, el que me agarró el brazo y me dijo: Ey brother, tómate una birra con Buba.

No estaba seguro que fuera él pero en seguida caí en la cuenta, el brother, la tez esa tan negra y su acento raro.

  • Ellas son Christina y Priscia, son de Holanda. Christina es mi novia.

Chocalate con leche, pensé.

Buba, era alto, de complexión atlética, vamos de esos negros que suelen salir en las pelis pornos. Y ella, esa modelo salida de una revista de moda.

Aquella noche reímos un rato y Buba le decía a todo el mundo que acababa de llegar, y la primera ola que surfeó se la saltó a un local. Y que ahora son amigos. Mis colegas me miraban raro, aunque cuando veían a las nórdicas todo cambiaba.

Con las puertas casi cerrando, Buba desapareció por una esquina con sus dos rubias atractivas, no podía parar de mirarlos, entonces, alguien me empujó por detrás. Era Albert, con la mirada perdida y con dos tablas de surf bajo sus brazos, ni me pidió perdón y siguió camino de la playa.

Buba, se dejaba ver por las mañanas tempranito en el pico que mejor funcionara, desaparecía a las 10 y reaparecía a última hora de la noche.

Y cuando estábamos de copas, recuerdo que le preguntábamos de que vivía, su contestación era siempre la misma: que trabajen los negros y se reía con su sonrisa profidén.

A veces salía solo de juerga, otras con su rubia explosiva, o con la otra rubia que resultó ser la hermana de su novia.

Una tarde, mientras jugaba en el Babel al ajedrez, se sentó enfrente mía con tres jarras de cerveza y nos preguntó: Chicos, ¿qué pasaría si vinieran siete amigos míos a surfear aquí?

La preguntá me cogió por sorpresa.

  • ¿Qué va a pasar?, nada
  • ¿No le sentará mal a la peña que de repente seamos 8 negros haciendo aéreos en sus olas?
  • Joder, ¿todos surfean como tú? Vayan a China, nadie surfea y hay cientos de olas inexploradas.
  • Sí, es un bonito lugar pero, ¿8 negros en China? Se acabó el mojo y las papas arrugadas, el gofio y las playas de arena blanca. No colega, esto es el paraíso. Pero no te preocupes, les llevaré a otros picos.
  • Pues puede que les terminen llamando los ochos malditos, jajajaja.
bottom-de-Buba

Pero los negros nunca llegaron, y Buba, despareció, para siempre, de nuestras vidas. Probablemente Albert tuvo algo que ver en su huida. Pero la historia de Albert da para llenar un libro aparte.

Pasarían muchos años hasta que llegaran otros de color tan oscuro y llenaran las calles con sus carritos vendiendo figuras de madera o collares hechos de conchas, pero no surfeaban. Hasta hace muy poquito no me encontré con otro surfer de color en el agua. Las preguntas siguen en el aire.¿Por qué no hay negros surfeando en el circuito mundial? 

Muchos me dijeron que Buba murió en una pelea callejera, en un barrio a las afueras de Londres. Era un tipo diferente, distinto, medio raro, y sobre todo muy, muy negro.

Pero se ganó a la gente del pueblo, se ganó a los locales y enseguida era uno más y su color lo hacía más especial, porque él no paraba de hacer chistes racista sobre negros, igual esa era su estrategia, reírse de él mismo antes de que lo hicieran los demás. Igual esa podría ser la táctica perfecta para hacer amigos, reírte de tus defectos delante de los demás, y cuando todos se ríen de ti, empezar a reírte de los defectos de los demás. Funcionaba, Buba solía decir a los demás yo soy un negro de mierda pero tú eres un cabezón, no sabes surfear…

Y nadie le replicaba, además, sobre las olas era el mejor del lugar, podría haber rivalizado con el mismísimo Julian Wilson.

¿Cómo era aquella frase? , ya me acuerdo, los blancos no la saben meter.

 

 

Guía de surf
Las sirenas llevan tabla de surf y arena en los pies

Las sirenas llevan tabla de surf y arena en los pies

sirena buceando

Ella es como la lluvia que cae lento sobre la piel mojada, un fenómeno natural, bonita y salada. Foto _Pablo Prieto.

¿NO LA HAS VISTO NUNCA? YO HASTA SUEÑO CON ELLA.

Con los pies llenos de arena y el corazón bombeando a mil por hora consigo salir del mejor baño de mi vida, los ojos todavía me escuecen y me siento tan cansado que hasta me cuesta respirar.

Hace frio así que intento llegar a la furgoneta lo antes posible, necesito quitarme el neopreno, cambiarme y tomarme una cerveza. Miro el reloj y .– Joder, se me ha vuelto a hacer tarde.

Siempre me pasa lo mismo, nunca consigo salir pronto del agua cuando me voy a surfear, parece que el tiempo se para y más cuando está ella, mi sirena, tan bonita y tan eterna.

Llego al Chill out, veo a los chicos en la mesa de la esquina del bar, y entre risas me dicen la frase de siempre:

– Hector, contigo no se puede quedar a una hora exacta.

  Sonrío y asiento.

– Chicos, hoy la he vuelto a ver.

El grupo empieza a aplaudir y silbar, todo el bar se gira y brindamos, brindamos porque solo la veo cuando el Mar prepara un buen manto de olas para dejarla bailar, y que bien baila las olas cuando cae el sol y para un poco el viento.

Ella rozando con sus dedos el mar y dejándose llevar.

UNA CERVEZA CON LOS AMIGOS SABE A DÍA PERFECTO.

Seguimos a lo nuestro. Hablamos de las previsiones que están por llegar y de las playas que vamos a invadir cuando suba un poco más la fuerza, hablamos de la cometa nueva que se compró Javi y de las aletas dafine que quiere comprarse Adrián. De fondo suena Monster de Mumford and sons.

 

Hablamos de trabajo, de olas, de los viajes que tenemos en mente, y por suerte o por desgracia, organizando lo poco que queda de verano.  Ya es agosto y hace dos días era Navidad.

Pedimos otra ronda de cervezas, esta vez brindamos por las olas y por seguir haciendo lo que nos gusta.

UNA DOSIS EXTRA DE CAFEINA EN VENA NUNCA VIENE MAL.

 

8:30h de la mañana y ya estoy en la mesa de mi oficina, hoy tenemos varias ventas programadas, así que me espera un día duro. ¿Y cómo puede ser que siga pensando en mi sirena? Siempre rondando en mi cabeza. Ojalá supiese, por lo menos, su nombre, dónde vive, de qué trabaja, de dónde ha salido…

Esta noche he soñado con ella; es morena, lleva un neopreno negro y un 9’ de madera. Voy a la máquina de café y me pido un americano con extra de azúcar, necesito despejarme para no tirar todo el trabajo de una semana entera por la borda.

Está atardeciendo y entro al agua, como siempre, corriendo y con la necesidad de acabar el día entre olas. Y allí está otra vez, mi sirena, con sus dos grandes soles mirándome. Justo me ve cuando me toca batallar contra la serie y pasar haciendo el pato todas las espumas que caen justo delante de mí, ¡que rabia que me vea engullir más de dos kilos de sal en forma de agua marina!.

Llego al pico, me giro hacia ella y le sonrío tímido. Vuelvo a mirar al horizonte rápidamente y pienso.- Joder, ¡me encanta ésta chica!

– Mi nombre es Lara, escucho de fondo.

   – (Oh oh. Hector, calma. Respira. Sonríe y salúdala como una persona decente.)
– Hey, que tal. Ssssssssoy Hecctor… – consigo decir mientras me sale una sonrisa tonta y me siento retrasado por mi poca imaginación a la hora de contestar.

No doy ni una. Menudo día. Ni un simple bottom bien hecho. Ella se ríe cada vez que me roba una ola y yo,embobado por como mueve los pies encima de su tabla, la dejo pasar.
Ella es paz. Camina cruzando los pies y se agacha extendiendo su bonita pierna hasta llegar al nouse. Hang five. Hang Ten. La veo deslizarse como quien conquistó la luna, a cámara lenta. (Y ojalá yo conquistase sus lunares, también a cámara lenta).

Disfruto viéndola mecerse entre las olas, y en realidad, me pongo celoso del Mar. No imaginéis mi cara de imbécil mirándola, os pido ese favor.

Salgo del empanamiento profundo que llevo y empiezo a remar. Por fin, una ola.

sirenas en el mar

Como un huracán que rompe con todo y te cambia la vida. Foto _Pablo Prieto

NO HAY MAR QUE POR BIEN NO VENGA.

– ¿Nos tomamos una birra en Buena Onda? Escucho sin creer que ese momento fuese real.

– Hoy toca un amigo allí, iré con las chicas para despedirme de la isla. Te invito a una ronda, a la segunda invitas tú.

¿Cómo?, ¿se va de la isla?, ¿ya?, pero si nos acabamos de conocer. De repente todo me da vueltas y recuerdo cada día que la he visto surfear y no he sido capaz de intercambiar ni una sola palabra con ella. Sonrío falsamente y contesto:

– Claro, allí nos vemos.

– ¡Genial!.- Me contesta sonriendo.

Yo no me río, claro. Yo me maldigo por dentro por no haber tenido más tiempo para conocerla. Joder Héctor, al final ha acabado hablándote ella un día antes de irse de la isla.

21:30h, aparco el coche y me dirijo hacia allí. Hoy me he duchado a conciencia (algo que no es muy habitual en los días que entro al agua), le he robado la colonia a mi compañero de piso, me he puesto lo más nuevo que he encontrado en el armario y unas cholas.

He quedado con Dani y Simone para que me acompañen y no hacer el pelele yo solo. Nada mas pasamos la esquina del banana, ya escucho su risa mecerse en el viento, y al levantar la vista del suelo, la veo, con un vestido blanco y una trenza en el pelo.– Qué bonita es.

Dani, como siempre, se pone a hablar con todo el mundo y Simone le sigue, yo mirando el reloj cada dos segundos, espero a que terminen impaciente.

De repente alguien toca mi espalda. Es ella, con dos jarras de cerveza en la mano.

surf group

Que bien saben las cervezas cuando las sonrisas son de verdad

CUENTA LA LEYENDA QUE ELLA TIENE ALMA DE SIRENA Y CORAZÓN DE LEÓN.

– ¡Hola! Le digo con una sonrisa enorme.

Así comenzó y terminó la noche, entre palabras y carcajadas. Dejadme deciros que tiene todavía más magia de la que yo había visto en ella.

9:00h de la mañana, hemos quedado para surfear su última ola en la isla. Podría decir que jamás tuve tantas ganas de despertarme para ir al Mar.

Me cogí día libre en el curro, me he levantado con una gastritis dolorosísima, o al menos esa es la excusa que he puesto esta mañana. Recojo a mi sirena en Star Surf, un surf camp del pueblo de al lado y surfeamos el Norte de la isla. Solos. Una mañana increíble. Ojalá este fuera mi despertar cada mañana.

Lo bonito de las sirenas es que caminan sobre una tabla y se hacen llamar surferas.

HAY FINALES QUE NOS SALVAN.

Me despedí de ella con la marea baja, la sonrisa grande y el corazón contento. He disfrutado de verla mecerse entre las dunas marinas, del perfume salado que deja en el viento al surfear, de su cuerpo acostado a lomos del Mar y de sus ojos mirándome fijamente. La he vivido como quien.

Hasta siempre sirena, espero volver a verte. Le digo mirando el suelo y levantando la mirada con una expresión traviesa.

– Las historias que acaban de empezar no requieren despedidas. Me dijo muy segura de si misma y con una bonita sonrisa que dejaba entrever dos hoyuelos en sus mejillas mientras se giraba para entrar en la guagua.

Y así me llevé el recuerdo salado de su sabor, con un ”los finales no son finales hasta que no acaba una historia” y con un ”no hay mar que por bien no venga”.

Cuando el mar acecha y el viento me da tregua, es inevitable pensar en ella. Foto _Pablo Prieto

Guía de surf
La tabla de surf

La tabla de surf

Teahupoo

Todo empezó el nueve de Febrero de 2020. Soy Adam Johnson, surfista de olas grandes, nací un 4 de julio de 1996 en California.

Me crié en una ciudad pegada a la playa, casi aprendí primero a surfear que a andar en bici. Mi padre Alen Johnson es el que me enseñó y tansmitió esta pasión que hoy por hoy, es mi compás y mi camino. A los diez años surfeaba todo tipo de olas pero mi alma me pedía más.

Me atraían las olas grandes y empecé un duro entrenamiento. Poco a poco tenía más confianza conmigo mismo, volaba entre sus alas y despertaba entre sus ganas y mi paz.

Esa confianza hizo que Billabong y Rip Curl se fijaran en mí. Pero no quería ser parte de las grandes marcas, ni ganar campeonatos, yo solo quería alcanzar estrellas en el aire y surfear olas grandes.

Nunca había salido del país pero me ganaba algo con los campeonatos regionales y nacionales. Por mi cumpleaños mis padres me regalaron el mejor de mis sueños, un viaje a la mejor ola del mundo. La única que en su boca encuentro la rebeldía más rebelde, la única que su libertad va con mi suerte, la poderosa Teahupoo.

teahupoo

La ola más mortal del mundo

A la pocas semanas, la gente decía que era una bendición verme esas bajadas, sin titubeos. Se corrió la voz como la pólvora, todo el mundo iba a la playa a verme y decían que sería el mejor surfista de olas grandes del mundo. 

Mi gran sueño era Teahupoo y no quería ir hasta que llegara la semana perfecta, grande y colocada.

El 9 de Febrero del 2020 llegó el tan esperado día, allí estaba frente a ella, desafiando mis ganas.

Sin pensarlo me tiré al agua, no estaba como yo deseaba, pero con el primer beso me dejó caminando sobre el dolor descalzo, la tabla rota y el brazo con su logo bien plasmado.

Mi padre estaba con las manos en la cabeza y el corazón en un puño, me sacaron con la  moto y directo al hospital. Tuve suerte o eso creía.

TEAHUPOO-OLA

Salí con la oscuridad de mis sueños, de sus cadenas

Me podía más el corazón que la cabeza, estaba como un trapo y con las grapas en el brazo volví a su corazón de hielo. No tuvo piedad y me volvió a sacudir rápido, brusco, la tabla rota y la moral por los suelos.

Parecía una pesadilla que volviera a rechazarme así, con ese descaro. Solo me quedaba una tabla y esos besos ricos que anhelaba darla.

Me fui al hotel como alma en pena, pensando en mi mala suerte y cuando abrí la furgoneta me habían robado mi última tabla, mi última oportunidad de conquistarla. ¡¡No me lo podía creer!!

Llamé a la policía y me dijeron que lo olvidara, no iba a aparecer nunca. Los fantasmas del pasado me comían por dentro. En ese momento solo pude llorar, de impotencia. Me habían robado mi sueño.

Teahupoo

Donde comenzó mi sueño

Uno de los policías conocía un shaper. Su voz titubeante al nombrarle, no me dió buena sensación pero antes de quedarme sin corazón, corrí en busca de su ayuda.

Llegué al taller y parecía que estaba cerrado, abandonado, abrí la puerta y una voz bronca  me dijo:

¿Qué andas buscando a estas horas?

-Una tabla para surfear Teahupoo, le contesté. Me clavo la mirada y me dijo que ese deseo constante de quererla tanto me iba a matar.

-Cierra la puerta y vuelve mañana.

Sentí escalofríos en el alma y en la piel, pero solo me quedaba resignarme y volver al día siguiente. Nunca imaginé el camino que me esperaba.

Me mandó cortar una palmera y llevársela. Empezó a darla forma con sus manos duras de arañar el tronco, las quillas eran de madera, no daba crédito a lo que veían mis ojos, estaba tan decaído que no veía la verdadera lección que me enseñó.

No se trataba de volver a verla, se trataba de verme volver. Me calló la voz del alma, fue la cura de mi vanidad.

 

La cura de mi vanidad

Tardé unos días en rescatar las respuestas que el anciano me dio, pero sentía que el adiós estaba presente, una vez más, rodeado del misterio del saber que pasará.

Decidí entrar al patio del colegio sin el timbre del recreo, tenía el alma tiritando, llegó mi ola, ella tenía el ritmo y mi tabla el sentido, la cabalgué como un vaquero del viejo Oeste.

Me adentré en lo más profundo de su ser, olvidándome de soñar, de respirar ese beso bajo el agua. Todo la gente enmudeció, no había tiempo, ni oxígeno, se esperaba lo peor y salí con la oscuridad de mis sueños de las cadenas de su spray, borrando todas las dudas.

Nunca pensé salir vivo de esa experiencia con la tabla de aquel anciano. Podía a ver llorado un mar de lágrimas saladas pero el alma solo entiende de emociones.

Ya de eso han pasado unos años. Ahora soy el mejor surfista de olas grandes del mundo y en la maleta del alma, sigo surfeando con la tabla de madera.

 

 

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