Prólogo

Slater había salido hacía unos segundos, Pipeline estaba perfecto, un mano a mano con un amigo, Machado cogió la siguiente. Igual de profundo, igual de bestial, con su fuerza todavía tocando su espalda y la sonrisa margullando en sus mejillas, Kelly y Rob chocaron sus manos. Fue un choque de amistad, fue un choque de satisfacción, de placer desbordado, porque el momento era único, inigualable, hasta hoy ha sido irrepetible, dos amigos y la ola más poderosa sólo para los dos, rompiendo en perfecta armonía, casi rozando la perfección.

"Machado cogió la siguiente. Igual de profundo, igual de bestial, con su fuerza todavía tocando su espalda y la sonrisa margullando en sus mejillas"

Entonces no hay palabras, murmullos desde la orilla, sólo gestos, posturas, deseos y brillos en sus pupilas, después llegarán los gritos y los aplausos al ganador, aquella final irrepetible del 95.  Hoy han pasado ya unos años, los picos se masifican, las olas no caen solas y desde la orilla se oyen los ecos de estas que se dicen con deshonor, mentiras que se jactan en nuestras bocas al escupir sobre las puertas del sonido. 

Kelly habla sobre aquel momento; era Feeling. Un surfer lo sabe bien

Siempre he dicho que un hombre sin palabra no es nada. La palabra de un hombre lo es todo, sin ella tus actos traicionan tu verdad, no eres hombre de honor. Y la indenpendencia, al igual que el honor son islas rocosas sin playas de arenas finas y cálidas.

Ayer hablamos del Surfer contra la especie humana. Somos diferentes en alma, en sentimientos, pero eso no hace al surfer mejor persona. Hubo una época que pensé que era así, que eramos diferentes en todo, que estábamos por encima de ellos, pero las raíces que nos atan a la especie humana son gruesas y duras, nos arrastran al abismo de la perdición, y nos confunden el pensamiento. Ser surfer no es sinónimo de honradez, de persona de palabra.

Un apretón de manos no es sólo un saludo, puede ser un compromiso. Para un hombre con palabra, un apretón de manos vale más que mil firmas ante un notario.

Palabra de Surfer

Sí, amamos de otra forma, vivimos a ritmo de viento y marea, cabalgando las crestas de las olas, fuera del mar somos especiales, nos sentimos diferentes, tenemos un vínculo con la naturaleza que no está escrito en ningún libro del mar. Nuestros amigos son hermanos con quienes compartimos casi todo, experiencias y momentos especiales, sin ellos nuestros recuerdos de aquel tubo se diluirían en el tiempo de nuestras memorias. Solemos recordar los tubos nuestros, pero los de los amigos ante nuestra mirada se nos graban de forma especial.

¿Somos seres de palabra? ¿Se puede confiar en un surfer?¿Cuántas veces faltamos a nuestra palabra en un baño?

Pero,¿ y nuestra palabra?, ¿va a misa? En este aspecto dejamos mucho que desear. Y más cuando se trata de surfear la ola de nuestros sueños, esa que anhelas cada día cuando miras de donde sopla el viento.  Y no sólo solemos faltar a nuestra palabra con los demás, faltamos a la palabra con nosotros mismos, una y otra vez.

Faltas a la palabra una vez

Llevas un rato en el pico, y la serie tarda a rabiar, pero cuando llega aparecen tres olas casi perfectas, el problema radica que normalmente no hay sólo tres amigos en el agua, está siempre abarrotado, menos cuando te vas a Angola, (pero esa es otra historia para otro día), Ahí vas, te lanzas a por la primera de la serie, pero te das cuenta que ya van otros tres remándola, la dejas pasar, vas a por la segunda, pero ya tiene dueño, viene remándola desde atrás, remas para dejarla pasar y decides ir a por la última de la serie, te encuentras a solas esperándola con tu colega de siempre, pero él, está mejor posicionado. ¡No puede ser, otra vez no!, te haces el sueco, te giras y la remas, haces el take off y oyes un grito detrás, seguido de insultos varios, no te importa, la ola es tuya, voy a disfrutarla. Después de un tubo, dos cut backs, un rentry y un floater final, remontas al pico y allí está tu colega, con esa cara larga que pone cuando le roban una buena ola. Tu todavía no has llegado al pico, pero ya vas con el brazo levantado, pidiendo perdón a sabiendas que obraste mal, – No te ví tío, lo siento, cuando me gritaste era ya muy tarde. La siguiente es tuya si o si. Pero, vuelve a tardar la serie, cuando llega la pierdes, la pierdes dos veces, y vuelve a repetirse la situación de antes, él está mejor posicionado, y vuelves a saltarle la ola. Cuando remontas vas sonriendo de la ola que robaste, y al acercarte a tu colega, ya no te mira, tu intentas relajar el ambiente, LO SIENTO MUCHO, te prometo que no volverá a pasar. Ya, ya, esta historia la conocemos muchos. La confianza da ASCO.

Faltas a la palabra dos veces

Estás reventado, llevas ya dos horas sin parar, o más, las olas rozan la perfección, el mar es aceite puro, todo es perfecto, estás esperando la última ola, y cuando aparece, gritas a todos los lados, déjenla, es mía, con esta me salgo ya. Los colegas frenan, te dejan marchar, es lógico, uno menos en el pico, y más si eres un “ratilla” de esos que no para y no dejas ni las sobras. Todos contentos, tu te vas y los que quedan más tranquilos a disfrutar del baño. Pasan 5 minutos eternos, porque eterna es la remontada, estas cansado, pero esa ola, esa ola…

Fue brutal, hiciste un montón de maniobras, se dejó surfear, quieres revivir la sensación una vez más, aunque sabes de sobra que ya no estas para otra más, pero regresas al pico, con dos excusas en la cabeza, me caí, la ola era una mierda para salir, o era tan buena que no puedo salir, no puedo dejar de surfear, sacaré las fuerzas del culo si hace falta. Los colegas te preguntan, ¿tu no te ibas ya? Otra mentira más en el pico. Las olas nos hacen faltar a nuestra palabra una vez más. Pero no podemos ponerlas como excusas, es nuestra condición humana la que nos hace pecar una y otra y una más, porque no hay dos sin tres.

Faltas a la palabra tres veces

Esta puede que sea la razón de las otras dos, porque la tercera vez, no faltas a la palabra con los demás, la faltas contigo mismo, y si te fallas a tí, faltar a los demás es sencillo. Seguro que te ha pasado muchas veces, sabes que te tienes que ir, a trabajar, a recoger a tu hermana o a los niños en el colegio, que has quedado con tu novia para almorzar, o con tu padre para ayudarle a poner una lámpara o pintar una pared, igual regentas una tienda de surf y quedaste para programar la temporada que viene y te esperan para elegir y hacer un pedido, quedaste para ir al cine o tienes que coger un avión para irte a Madrid a hacer un curso, jod… a Madrid, donde no oyes el mar ni el sonido de las espumas en las orillas de una playa perdida.  Y esta es la última ola, es la última lo prometo, pero vuelves a por otra más y a por otra más, y luego te esperan las consecuencias, el mosqueo de la novia, tu padre cabreado, los niños esperando en la puerta del colegio, o tu jefe, con un cabreo de despedirte ya. Faltas a la palabra una vez más. A tu propia palabra. ¿Qué clase de droga es el agua con sal que no podemos respetar lo que hace a un hombre, hombre de verdad?

Fue brutal, hiciste un montón de maniobras, se dejó surfear, quieres revivir la sensación una vez más, aunque sabes de sobra que ya no estas para otra más, pero regresas al pico, con dos excusas en la cabeza, me caí, la ola era una mierda para salir, o era tan buena que no puedo salir, no puedo dejar de surfear, sacaré las fuerzas del culo si hace falta. Los colegas te preguntan, ¿tu no te ibas ya? Otra mentira más en el pico. Las olas nos hacen faltar a nuestra palabra una vez más. Pero no podemos ponerlas como excusas, es nuestra condición humana la que nos hace pecar una y otra y una más, porque no hay dos sin tres.

ola-a-tope-de-gente

Ahora bien, fuera del agua, somos amigos de nuestros amigos, les prestamos un leash si hace falta, una pastilla de wax, hasta una tabla para surfear, les invitamos a una copa, programamos viajes juntos al otro lado del mar, les llamamos para ir a surfear…

Pero cuando estas en el pico, es la ley de la selva, todo cambia, es como cuando estás conduciendo en medio de un atasco, cambias de repente, ya no eres tú, estás poseído por el diablillo de las olas.

Recuerda que siempre podemos engañar a los demás pero nunca a nuestra CONCIENCIA.

Solo una vez, no pido más, entenderás porque respiro, si ella respira, mi alma esta perdida, mis latidos, mi sentir van sin medida.. esa ola es la dueña de mi vida, solo encuentro la salida entre sus brazos, agarrándome a ese tubo, amando sin descanso.

Solo con mirarme a los ojos verás MI VERDAD, ellos no saben mentir, a todo me enfrentaría, amigos, locales… un pecado difícil el prometer no saltar esa ola, ese suspiro me lleva a mil lugares, regresando a mi punto de partida. ¿Palabra de surfer? ¡Ya ves!, somos distintos, dentro del agua es otra batalla y las palabras flaquean, nos marchamos con lo puesto hacia el peligro, al otro lado de nuestro mundo, donde nadie nos moleste, PERO no me lances el puñal de tu mirada, no entendiendo otra forma de amar y de beber estos mares de ilusión.

Pienso lo que siento y siento lo que estoy haciendo… esa es mi palabra de surfer.

Guía de surf
Share This