Los amantes surfistas

Los amantes surfistas

Un amigo muy nervioso

Pablo entró con el pelo revuelto, nervioso e inquieto, y escrutaba ansioso cada rincón del local. Hasta que me vio, con los pies cruzados encima de una de las zonas chill out del garito. Con mi jarra de cerveza en una mano y mi móvil en la otra.

Entonces vino directo a mí.

  • ¡Chacho, chacho! Gritaba nervioso.

Y corrió a sentarse a mi lado.

  • Les vi, esta mañana les vi.
  • ¿En serio tío, los vistes?
  • Si, tío, se que no debía haber ido, que estaba grande para ir sólo pero fui y me tiré, con mi 7 pies, ese que me hizo Charly hace poquito. Tenía ganas de probarla y sabía que pocos me iban a acompañar, así que fui sólo. Y todo iba bien, había bajado ya 3 “olotas”, la tabla reaccionaba bien.
Chill out Surf bar Corralejo

Yo estaba en el Chill Out cuando Pablo entró corriendo.

En ese momento, Pablo parecía ya más relajado. Pero se notaba que el tono de su voz era nervioso.

  • Al grano, ¿les vistes?
  • Si, tío. No había nadie y venía una pared de dos metrazos. Tenía una pinta increíble, parecía la ola del baño. Y justo cuando me giré apareció él. Me hizo frenar de golpe. Lo tenía a la misma distancia que te tengo a ti ahora. ¿Y sabes qué? Me habló, tío, me habló. Se me pusieron los pelos de punta. Me dijo que tuviera cuidado con esa ola que parecía buena pero que venía retorcida.
  • Tío, esto es nuevo, ¿te habló? Nunca antes habían hablado con nadie.
  • Sí, pero eso no es todo. La bajé recto, y cuando remontaba, apareció ella. Parecía tan real. Me miró y me dijo: Hiciste lo correcto, esa ola venía envenenada.
  • Entonces miré a la playa y llegaba otro coche lleno de surfers, y volví a mirar al pico y ya no estaban. Habían desaparecido.
Banana surf bar Corralejo

La ruta del Surf pasaba por El Banana

Crónica de un amor anunciado

Todas las leyendas son historias basadas en hechos reales, esta es una de esas leyendas urbanas que van de boca en boca en un pueblo pesquero, donde los jóvenes vienen a surfear desde países muy lejanos.

Iván, era uno de esos chicos que destacaba, no sabría decirles cuanto tiempo llevaba en el pueblo, me lo presentó un colega cuando desayunábamos en una cafetería surfera, un lugar especial al que vamos todos los surfers por la mañana, donde te sirven copiosos desayunos de frutas y cereales, es muy emblemático, sobre todo por su nombre, Secreto del Sur. Es un poco paradójico porque la cafetería está en el Norte de la isla.

Iván hace que las chicas se vuelvan cuando pasa con su tabla bajo el brazo. Pero no era un surfer de postureo, en el agua sabía donde ponía la tabla.

Corralejo es una villa surfera por excelencia. Aunque te puede confundir un poco sus centros comerciales llenos de tiendas Zara, Timberland, Springfield…

El verdadero espíritu se respira en sus calles y en sus playas con coches llenos de tablas de surf sobre sus bacas. Y aunque parece que estén escondidos, hay más de cincuenta locales de surf, donde te encuentras un ambiente único e inigualable. Es como una ruta de surfers, donde se respira mar, olas y surfing, mucho surfing.

aprendiendo a surfear en Corralejo

Nayra venía cada año a una surf school diferente

Nayra e Iván, las dos partes de una naranja

La primera vez que ví a Nayra fue en la playa, estaba dando clases de surf, y tuvo un pequeño accidente contra mi tabla. Nada grave pero quedamos en encontrarnos en Corralejo Surf School, una de las mejores escuelas de surf de la isla. Allí, estaba ella, esperándome en el hall del Surfing Colors, las instalaciones de la escuela están dentro de este hotel, un hotel exclusivo para surfers, que además de ser  un hotel ambientado al 100% en surf,  sirven unos desayunos alucinantes.

Se levantó del sillón desde que me vio, y de pie parecía todavía mucho más guapa. Cuando estaba surfeando me pareció especial, apenas sabía ponerse de pie, pero era de esas chicas que llaman la atención, ustedes me entienden.

Me pidió perdón una vez más, sus perdones parecían palabras celestiales. Yo trataba de quitarme de encima lo nervioso que me ponía su presencia haciendo un chiste y mirando para otro lado que no fuesen sus grandes y bonitos ojos azules.

La tabla dañada fue a parar al taller de Charly y ella y yo quedamos para que me invitara a un café en el Bakery, otro de esos lugares encantadores donde puedes tomarte un café y un trozo de tarta exquisito hecho por los cocineros del local. Además tienen una pantalla enorme donde te ponen vídeos de surf todo el rato. Me encanta ese sitio por su tranquilidad, su limpieza, su orden, su decoración que lo hacen único y porque es el lugar perfecto para invitar a una chica o a un chico a tomarse un café en una primera cita.

Conocí un poco a la chica que me arrolló con su tabla y sus encantos. Y después de esa cita se esfumó como las golondrinas en invierno.

Point break surf school

Point Break, uno de las escuelas que visitó Nayra en sus viajes

Había pasado por mi vida como un destello fugaz y desapareció casi ocupando un recóndito lugar en mi memoria.

Tuve que esperar al verano siguiente, cuando estás haciendo una típica ronda nocturna por esos garitos de surfers para surfers. Siempre solemos empezar en el Chill out, donde Pablo apareció aquel día a contarme la historia de los amantes surfistas aparecidos en su ola. Aquella noche estaba Iván jugando a los dardos y ella entró por la puerta directo a la barra. Creo que sus miradas se cruzaron un instante y todos lo sentimos, por lo menos a  mí me pareció que todos nos fijamos en las chispas que saltaron en ese momento.

Pero ella entró y salió con las mismas, preguntó algo al barman y se fue. Luego seguimos la ruta de bares de surf, Buena Onda, a pie de playa, en una pequeña callejuela donde a veces ponen música en vivo. Otro de esos típicos sitios donde se respira Surf por los cuatro costados. Cuando llegué, Nayra estaba ya sentada en una mesa con unas amigas. La saludé, me pedí una caña y apareció Iván, de nuevo esas miradas que hacen daño entre ellos. Y la historia se repitió en El Tequila, y en el Banana. Ellos se miraban fugazmente, pero nadie les presentaba.

Una semana más tarde, en la misma playa donde tuve el accidente con Nayra me la volví a encontrar, entonces ya surfeaba mejor y me saludó en cuanto me vio remontar al pico. Hablamos un rato y me dijo que esta vez aprendía con la escuela de Ineika. Que viene cada año y que le gusta cambiar de monitores, así, según ella, vas aprendiendo lo mejor de cada escuela y avanzas más rápido.

De cada escuela aprendes cosas diferentes, y sobretodo, lo más importante para ella, conocer nuevas historias de gentes de muchos lugares. Ya no es sólo el hecho de aprender a surfear, es el hecho de aprender de muchas personas. Nayra me contó que era periodista y por esa razón le gustaba alojarse en sitios diferentes, aprender en escuelas distintas..

El verano fue pasando y a Nayra me la encontraba de vez en cuando. A veces comprando un leash en la tienda Protest o alquilando una tabla de surf en Paradise.

Llegó septiembre y desapareció otra vez. Pero a mediados de diciembre la volví a ver en el Citrus, un restaurante donde te hacen unos arroces espectaculares y donde hay SURF en cada rincón. Esta vez vino a dar un curso con la escuela de Oneill. Vino sola, porque otras veces venía con alguna amiga. Y fue en el Citrus donde apareció Iván y el cruce de miradas ya era escandaloso y rozaba la estupidez.

Babel surf bar

En el interior del Babel los ví besarse por primera vez.

¿A qué estaban esperando estos dos? Se les notaba a la legua, dos años cruzando nada más que miradas. Nayra cada vez tardaba menos en volver a la isla e Iván parecía perdido buscándola por todos los rincones.

Hablabas con él y tenía esa mirada perdida en el horizonte, como esperando que Nayra apareciera por una esquina, de súbito.

No volví a saber de Iván y de Nayra durante una temporada, desaparecieron los dos.

Preguntaba por Iván a los colegas y me decían que estaba de viaje. Maldivas me dijo alguno.  Y un día, que decidí ir al Babels a jugar con Pablo un ajedrez, los encontré a los dos, en el interior del local, con esos tonos rojizos, entre paredes pintadas de fórmulas secretas y esa música que te transporta a un lugar de encantamientos y brujas. Y ellos, enroscados en un profundo beso.

Vaya, ya era hora, pensé para mis adentros.

The perfect wave travel

Hicieron un viaje con la agencia The perfect Wave para encontrar olas perfectas

Unos días más tardes me contaron su historia, coincidieron en un viaje por Maldivas. El viaje según ellos fue increíble, no les faltó nada, ni el amor que se enrolló en sus almas para siempre. Creo recordar que el paquete se lo preparó una agencia especializada en viajes de Surf. Se pasaron días recomendándola a todo el mundo. Creo que se llamaba la ola perfecta o algo así. Perfectwavetravel. Acabo de recordarlo.

Los siguientes años se hicieron monótonos verlos con tanto beso y tanto abrazo, surfeando al alba y al atardecer, siempre juntos. Nayra se vino a vivir a la isla. Y creo que era la pareja más perfecta que he conocido nunca. A todos nos encantaba verlos juntos.

Pero algo se rompió en la relación, aparecían solos, cada uno por su lado en los locales de moda. Ya no surfeaban juntos, y cuando se cruzaban en algún sitio, aquellas miradas de atracción, se habían convertido en tristeza.

Una mañana, alguien los vio juntos otra vez, entrando en el mar a surfear como siempre. Y simplemente desaparecieron, no se les volvió a ver jamás.

Las lenguas del pueblo dicen que se ahogaron juntos porque alguno tenía una enfermedad terminal, otros dicen que ella no se podía quedar embarazada y decidieron suicidarse. La verdad que hay muchas teorías al respecto. Pero de vez en cuando, alguien  los ve en el pico, a uno, o a los dos. Pero que te hablen, eso sólo le pasó a mi nervioso amigo Pablo.

Como todas las leyendas urbanas, tiene algo de verdad y mucho de mentira. Si algún día vienes a Corralejo y pasas por alguno de sus locales de surf puede que algún surfer local te cuente la leyenda de los amantes surfistas. Y te la contará de tal forma que vivirás la historia como si estuvieras leyendo un libro.

Guía de surf
Soy del mar, del viento, de las olas

Soy del mar, del viento, de las olas

HISTORIAS RADICALES

¿Alguna vez has creído que estabas a punto de ahogarte, que te aprieta el pecho y parece que va a implosionar si no capturas una molécula de oxígeno?

Las olas eran impresionantes ese día, tamaño mediano, Sol radiante, aguas turquesas y vientos suaves off shore.

Los días perfects son como un regalo de Dios. Está todo tan bien colocado. Como cae el labio de la ola, tan altivo, tan sereno.

Esos días entras con prisas, no sueles quedarte a mirar cuantas olas trae la serie, ni si entra alguna serie descolocada. Sólo quieres ponerte el neopreno y nadar hacia ellas.

Yo suelo ser bastante descuidado con mi equipo de Surf. No cambio la amarradera hasta que se parte, no suelo endulzar el wetsuit, y a veces hasta dejo la tabla al Sol durante horas.

Esto me ha dado algún sustito alguna que otra vez.

El caerte dentro de un tubo y que el velcro de la amarradera esté tan desgastado que pierdas la tabla.

Si es un día pequeño o estás en olas de playa, casi no hay problema, pero si las piedras están cerca o las olas son grandes, puedes encontrarte de repente en medio de un infierno.

Incluso en esos días que todo parece un cuadro, los accidentes pasan. Y cuando pasan, pasan cuando menos lo esperas.

Wipe out

Entonces el labio me lanzó hacia el vacío. Foto _ MAGT

¿Tienen almas las olas?

Esta es la historia de uno de esos días con olas tan perfectas que nunca pensé que iba a perder el conocimiento,  y que no recordaría como llegué a la orilla.

Aunque ella, estaba allí. Estuvo sólo un instante, y sólo me respondió a una pregunta, luego se fue para siempre.

Ya llevaba más de media hora cogiendo olas perfectas. Eran derechas, iba a contramano todo el rato. Tamañito mediano, olas con fuerza, tubos poderosos.

La marea era la adecuada, marea llena. Pero estaba ya bajando desde hacía casi una hora, y este pico, por muy perfecto que estuviera ese día, cuanto más bajaba la marea, menos fondo y más recogía.

Y no te das cuenta porque estás disfrutando de cada take off, pero cada vez es más vertical y sientes la gravedad cuando caes súbitamente al bottom de la ola.

Pero está todo controlado, al final rectificas agarrando canto y para dentro, otro tubo más.

No me dejaba salir, la corriente me llevaba al pico una y otra vez.

El alma de las olas tiene vida

Hasta que te caes de cabeza. El labio te lanza con fuerza hacia delante y sales despedido.

Normalmente cierras los ojos en una caída. Sientes como caes al vacío y luego, como la ola te chupa hacia arriba, y acto seguido te empuja hacia el fondo del arrecife.

Y tocas con la cadera en el fondo, y luego notas como vuelve a sacarte hacia arriba y buscas desesperado esa bocanada de aire.

Pero vuelve a chuparte hacia abajo y das vueltas de carnero, dos, tres, pierdes la cuenta, y te quedas sin aire. Pero siempre, todo vuelve a la calma. Y al final, sin saber como, abres la boca y muerdes el aire.

Esta vez, después de esa bocanada, estaba magullado, mi tabla había desaparecido y una corriente extraña me llevaba alocadamente hacia el punto de impacto, y una serie estaba a punto de caer sobre mi cabeza.

Y por un momento me pareció la más grande del día. Cogí aire y me sumergí, pero mis pies tocaron fondo enseguida. Lo sabía, iba a darme una buena tunda.

Una docena de vueltas, paseo por el fondo y de nuevo me hallaba donde el principio. La corriente me puso otra vez en el mismo lugar, en el punto de impacto. Y ya no tenía fuerzas para seguir luchando.

Sólo recuerdo que algo o alguien me cogía del brazo y tiraba de mí. Luego, hay un tiempo que mi mente no recuerda.

Cuando abrí los ojos estaba ahí, mirando el horizonte. El viento jugueteaba entre sus cabellos rubios. Mi tabla estaba a mi lado, intacta. Yo sentado sobre la arena.

¿Quién era esa chica?, ¿me había salvado ella la vida?

Entonces se giró hacia mí y me dedicó una sonrisa, y mi mirada se perdió en la profundidad de sus ojos azules turquesa.

  • ¿De donde eres?
  • Soy del mar, del viento, de las olas.
El alma es una mujer

El alma de la ola se convierte en lo que tu subconsciente desea. Para mí era esa chica.

La vida es un misterio, esta historia fue un sueño

Y señaló al horizonte. Las olas seguían perfectas, el Sol seguía radiante. Me volví a mirarla y había desaparecido.

Soy del mar, del viento, de las olas. Esa frase se me quedó grabada para siempre.

Los surfers perdemos el tiempo buscando una ola perfecta. Yo daría mi vida por ver de nuevo a la dama que me salvó aquel día.

¿Será que las olas tienen alma y se personifican en algo que buscas constantemente?

Es ridículo pensar que las olas tengan alma. Y más que ese alma tenga forma de mujer.

Fue sólo un sueño. Tan real que cuando desperté de él recordaba todo lo acontecido,  la belleza de la chica, su cuerpo, su pelo sus ojos turquesas, como caminamos sobre la arena mientras las olas rompían al fondo.

Guía de surf
¿Hay ángeles en las olas?

¿Hay ángeles en las olas?

Nubes en el horizonte

El día estaba perfecto, la derecha corría limpia, el viento soplaba suave off shore, sólo se veían algunas nubes negras en el horizonte. Fotografías _ José V. Glez / Fanfi Shop

 

Historias Radicales.

(Los ángeles de las olas)

Puedes creer o no, lo que te cuento me pasó de verdad. Ellos o ellas están ahí, velando por todos.

Estaba mediano pero petado de gente, las olas rompían de derecha. Me entraron los nervios de siempre, esa ansiedad que recorre tu cuerpo cuando llegas al pico y ves olas perfect.

Me echaba para atrás un poco la gente y que no era la marea perfecta, poco fondo y siempre en mi mente la roquita esa que está más a flor de agua.

Y esas nubes negras que pintaban de gris el horizonte y que rugían de vez en cuando, pero por el momento, el Sol brilla.

Entras y pillas tu primera ola, un rentry, un floater y a remontar, sonrisa de lado a lado, y cuando llegas al pico algo ha cambiado.

Hay menos gente, el mar se mueve de forma extraña, el viento ya no es terral y el Sol ha dejado de brillar.

Viene una serie más grande de lo normal, empiezas a sentirte intranquilo. Ya sólo estoy yo y alguno más despistado a cincuenta metros de mí.

Igual todo cambia de nuevo, pienso, y vuelve a salir el Sol, con la luz de Lorenzo todo se ve distinto.

Y de repente, el mar cambia. El viento sopla distinto, se mueven las olas de otra manera, el Sol se esconde.

 

La tormenta llegó de repente

Todo cambia de repente

 

Vuelve a brillar el Sol, por esta razón sigo dentro, pero esta vez no dura mucho, y el viento ya no sopla desde tierra, las olas vienen más desordenadas.

La nubes empiezan a cubrirlo todo. Caen gotas de lluvia, el viento arrecia, y ya sólo quedo yo en la mar.

Cojo una ola y me deja hacer un par de giros, no quiero irme ya. Acabo de entrar, quiero otra más, aunque las condiciones cambien.

Remonto de nuevo al pico. Y entonces, las veo romper, mar adentro, grandes espumas blancas. Desaparecen y crecen delante mía. Empiezo a remar con fuerza.

Pero la primera ola rompe en mis narices, tengo que hundirme con fuerza, no la llego a pasar del todo, me arrastra hacia atrás, pero logro subir de nuevo.

La primera la pasé por los pelos, pero las siguientes eran tan grandes que no había salida

 

Gigante

Olas gigantescas como edificios

Nada se parece a cuando llegué. El mar está demasiado revuelto. Y pasé con muchos apuros esa última ola. Miré a tierra. Parece que está tan lejos la orilla.

Vuelvo a mirar al horizonte, muros de agua se vienen hacia mí. No hay salida. Los nervios están haciendo que consuma mis energías.

Y entonces llega esa montaña de agua gris, que parece cemento e intentas pasarla por debajo, pero es tan grande que te tira de nuevo hacia atrás, caes desde la cresta.

Empiezas a dar vueltas, intentaba buscar una salida, no sabía donde estaba la superficie, todo era negro, ya no me queda aliento. Voy a ahogarme.

Sólo un pescador me miraba atónito. Y yo, perdido buscando entre las espumas de las olas.

 

Despues de salir rescatado

Los ángeles corretean entre las espumas

Ya no hay agua y caigo en el vacío súbitamente. Cuando toco suelo es algo parecido al algodón pero más húmedo. Se mueven miles de burbujas de un lado a otro.

Miro a mi alrededor, arriba y abajo, es como un túnel, o como una burbuja de aire. Dos seres, ¿quizás ángeles?, discuten delante mía sobre cuando echarme fuera de la burbuja.

  • ¿Estoy muerto o esto es una especie de alucinación? Pregunté en voz alta.
  • Eres el primero que nos ve. No hubo elección, las olas han crecido demasiado rápido y tú no deberías estar ahí. Te empeñaste en ir a por otra. Sin nosotros morirían muchos antes del tiempo escrito y estipulado. Dijo uno de los seres.
  • Ahora, es el momento. Gritó el otro.

Me cogieron por los brazos y me empujaron con fuerza fuera del túnel o de la burbuja. Todo fue tan rápido. Coge aire, fueron sus últimas palabras. Y me sumergí de nuevo en el revuelto de espumas blancas.

Mis pies tocaron la arena de la playa y me pude poner de pié. Miré a las olas otra vez. Observé las espumas. Sólo un pescador y yo permanecíamos en la costa.

Epílogo

Cuando voy de copas con los colegas cuento la historia, me da igual que me crean o no. Ellos, están ahí. Con un par de copas en las venas, me suelto y hablo por los codos.

Los colegas ya me han puesto mote, “el delirante”, pero yo sé que aquello pasó de verdad.

Muchas veces recuerdo aquella vez que caí de cabeza con dos palmas de agua y no toqué de milagro el fondo, o las quillas que me rozaron la cabeza, o el choque con otro surfer en medio de un tubo.

Enseguida atas cabos y te das cuenta que muchas más cosas deberían pasar y no suceden. Algo, o alguien está ahí. Evitando accidentes diarios.

Por más que intento recordar como eran aquellos seres, no lo logro. Es como si perdiera en mi memoria aquel archivo con sus caras. ¿Serán ángeles de la guarda?

Guía de surf