10 razones para hacer surf en primavera en Canarias

10 razones para hacer surf en primavera en Canarias

MAYO, 2019

Fotos: MAG

Textos: Miguel Gomá

El otoño y el invierno son los momentos claves en las islas afortunadas, todo empieza en septiembre y hasta finales de marzo las condiciones son excelentes.

 Pero, ¿por qué venir a hacer surf a Canarias en primavera y no en otra época?

En primavera hay menos gente en los picos

Menos consistente pero menos gente.

Si, puede cuadrarte buenísimo pero también con mal viento, pero en primavera hay menos gente en los picos.

A partir de abril, los locales suelen emigrar a destinos más consistentes como Indonesia o Maldivas y surgen olas que rompen en otros lados de las islas, y la variedad y la cantidad superan con creces a las del otoño o el invierno.

 

Empieza a soplar el Alisio

Los vientos del noreste son más continuos y hay muchas playas al este de las islas que sólo funcionan con estos vientos. Decenas de picos solitarios esperando que alguien los surfee.

 

Rompen otras olas en otras costas a las habituales en otoño e invierno

Viajar es más barato

Canarias en abril deja de ser el destino de los nórdicos, baja la afluencia de vuelos, los hoteles y apartamentos hacen ofertas asequibles a nuestro bolsillo.

Venir a Canarias en mayo o junio es más barato.

 

El agua empieza a estar más cálida

La temperatura del agua en Canarias es templada todo el año, pero en mayo empieza a notarse un par de grados más calurosa. Ya no necesitas enchufarte el integral, con un corto corto 3/2mm es suficiente, y si encima tienes la suerte de que tengas tiempo de calima puedes incluso darte baños en bermuda.

Nada mejor que una cerveza con sabor a mar

Especialmente después de surfear, el calor es perfecto para una cerveza

El calorcito, no sólo en esta época, sino todo el año te invita a tomarte refrescantes cervezas.

Las cervezas canarias tienen muy buena fama. Y últimamente el mercado se ha llenado de artesanales que dan un toque de relajación al paladar invitándote a una después de una buena sesión.

La radical surf  craft beer es una artesanal fabricada por surfers de las islas Canarias con sabor a mar.

 

Los días son más largos

Eso quiere decir que tienes más horas de luz y por consiguiente más tiempo para planificar más baños de surf, en sitios diferentes y con olas diferentes.

Es la época perfecta para probar tu tabla de verano

 El Sol, brilla todo los días

Si hay algo que no te encontrarás en Canarias es granizo, nieve o lluvia en esta época.

Es muy raro que te caiga un chaparrón, y ya sabemos los beneficios que tiene la luz del astro rey sobre nuestro cuerpo.

Usar por fin esa tabla de verano

No sólo para usar la tabla de veranito, también porque podrás surfear variadad de picos con fondos dispares, beach breaks u olas de arrecife.

Esta época suele tener olas juguetonas perfectas para probar esa tablita de olas pequeñas.

El RETURN, uno de los restaurantes surferos más famosos de las islas Canarias.

Cientos de surfplaces con sabor a Surf

Canarias está llena de lugares que te están esperando con temática surf 100%.

Restaurantes surferos, bares surferos, hasta heladerías surferas. Puedes encontrar los mejores sitios en surfguide.surf

 

El mejor destino del mundo para aprender

Si estás leyendo este artículo y nunca te has puesto encima de una tabla de surf la primavera y también el verano es la mejor época del año para venir aprender a hacer surf.

Hay una amplia oferta de escuelas, y podrías empezar por conocer DRY SURF, buscar un coaching si tu nivel es más alto o contratar los servicios de algunas de las mejores escuelas de surf de Canarias.

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Los mejores Surf Bar de Fuerteventura

Los mejores Surf Bar de Fuerteventura

Banana surf bar

¿Qué sería de nosotros sin los bares?, ¿dónde quedaríamos con los colegas?, ¿dónde tendríamos esas charlas de nuestros baños tan especiales?, ¿dónde veríamos esos vídeos de Surf que nos dejan atontados?

 

En ellos nos olvidamos de ser, nos olvidamos que el tiempo no duda. En ellos perdemos su noción soñando con olas perfectas.

Recuerdo la primera vez que pisé Fuerteventura. Imposible olvidarlo, si llevas tiempo soñando todo lo que te contaban. Una vez que sientes su aroma estarás perdidamente enamorado, y piensas que jamás te pasará a ti, pero una se equivoca y es cierto, yo me enamoré de la isla, de sus olas, de sus bares y …

buena-onda

Allí, en ese bar, en esa mesa surgió nuestra historia

 Y mientras la vida pasa, en los bares suceden historias 

 

Hacía unas semanas que no salía a tomar algo por Corralejo, pero esa noche hacía un calor que pedía a gritos una cerveza. Salí pitando del trabajo para ir al Buena Onda, uno de los bares que me tiene loca, se respira surf por los cuatro costados.

La brisa del mar se estrellaba en mi rostro mientras esperaba mi tropical fresquita, de repente, sentí una sensación que dominaba cada espacio dentro de mi, levanté la vista para buscar de dónde provenía esa sensación, esperaba de esas miradas que cuando levantas la vista son desviadas de inmediato.

Para mi sorpresa, lo que encontré fue unos ojos brillantes, como sorprendidos de encontrarse con los míos.

Parecía que nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Habíamos conectado a la perfección. Estuvimos horas hablando y viendo vídeos de surf. Era hora de irme, tenía que madrugar para ir a trabajar, no sabía si volvería a verlo, ni tan siquiera su nombre.

Cuando me despedí de él, nos abrazamos y dejé que me besara. Me fui de ahí, no sin antes de volver la vista varias veces para seguir mirando esos ojos tan alegres que tanto me gustaron, y me sujetaban de cerca.

FUERTEVIDA

Nos soltamos, comimos y terminamos en la playa

No había pegado ojo en toda la noche, parecía que el silencio era el renglón de pensar en el, así se reflejaba en mi rostro, pero tenía que concentrarme y continuar mi día. Las horas pasaban y seguía mi rutina de ir a comer a Fuerte Vida sus sabrosas arepas.

Estaba lleno, era imposible coger mesa a la sombra, cuando ya pensaba en irme una voz que conocían bien mis sentidos, me invitó a sentarme. No me lo podía creer, era el, con el mismo brillo en sus ojos, se aproximó a mi y volvió a besarme. Un beso dulce, lento.

Una vez perdida la compostura  nos soltamos, comimos, reímos, y terminamos en la playa. Quería surfear las olas de Fuerteventura. Le llevé a Esquinzo y su cara reflejaba que había acertado, sobraban las palabras.

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Noche de música en vivo

Después de un par de horas en el agua regresamos a Lajares, era noche de música en vivo en el Return, y no se lo podía perder.

Nos comimos sus deliciosas pizzas y unas cuantas cervezas. La música era una excusa más para acercarnos y perder la cabeza con esos besos.

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Su mente y la mía estaban en sintonía

Era una noche que pedía a gritos no acabar nunca, y así fue. Regresamos a Corra y fuímos derechos al Banana y Tequila.  No sé que estaba pasando, pero su mente y la mía estaban en sintonía.

Bailamos sin parar, construyendo huellas en el camino aparecimos en el Babel, un lugar mágico, no nos pudimos resistir a  jugar al ajedrez, moviendo el peón del tablero y de nuestras almas…

 

CONTINUARÁ…

 

Una manada entre las olas

Una manada entre las olas

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Algo venía hacía mí

Sonará a tópico, pero el garaje del centro comercial estaba abrumadoramente solitario a esas horas de la noche. No era muy tarde, pero cerrarían en breve. Venía con mis bolsas cargadas del supermercado. Y mis chanclas sonaban estrepitosamente originando ecos por todas partes.

Pero no era eco el sonido que se oía tras cada paso que daba.Era como si una bestia con garras anduviera dos filas más allá de los vehículos. No le dí importancia hasta que oí el rugido. Entonces frené en seco y me agaché para mirar entre los coches, solté las bolsas y me tumbé lentamente sobre el suelo.

Miré por debajo de los coches. Brinqué sobre mis pies, agarré la compra y corrí como un poseído hasta la puerta de mi coche.

El pobre, llevaba conmigo más de 10 años y las puertas no abrían desde fuera, así que abrí la ventana trasera, que se suele atascar cuando se desliza, pero tomé el máximo cuidado para que se abriera lo más rápido posible.

Metí el brazo, subí el seguro, abrí la puerta mientras oía el rugir de un perro furioso que venía corriendo hacia mí.

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En el RETURN se les veía por las noches, pasadas las doce.

Cuchicheos entre sombras

Eché mi tabla de surf a un lado, subí y cerré la puerta con toda mi alma, y en ese instante, la bestia se estampó contra el cristal. Era un perro enorme, negro con la mirada inyectada en sangre. Empezó a gruñir alrededor del coche y en una de esas saltó sobre el capó.

Empecé a inquietarme y busqué la llave para aflojar las tuercas de las ruedas. Si no se va, salgo y le meto la llave en la cabeza, pensé.  Aunque si he de ser sincero, no tenía el valor para enfrentarme a un perro enorme, o eso parecía, de más de 80 kilos.

Me volví con la llave en la mano y ya no estaba. Desapareció como por arte de magia. Unos metros más allá estaban los chicos búlgaros, ese grupito del que hablábamos y cuchicheábamos entre sombras cuando veíamos videos de surf en el Buena onda o el Chill out.

Estaban metiendo una compra en el portabultos de su coche destartalado y una de ellas, me miró y se quedó con la mirada fija. Tuve una sensación rara, arranqué y salí de allí pitando.

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FUERTE VIDA era el lugar de paso de la manada, aquí tomaban algo de camino a las olas, siempre al atardecer.

Surfeaban siempre juntos

La primera manada que conocí fue por finales de los años ochenta. Era el primer grupito de surfers que se formaba en Pto del Rosario. Venían todos juntos en una furgona roja.

Pero estos amigos se separan y se unen a otros grupos y los grupos van cambiando. Pero a mediados de los noventa llegó un grupo del este de Europa que hacían surf. Chicos y chicas, y estos si que eran especiales. Siempre estaban juntos, iban a surfear juntos y pasaban los años y nunca se separaban.

Eran tres chicos y dos chicas. Hasta que Tamara, empezó a ir con ellos a todas partes, al principio sólo hablaba de lo guay que eran. Luego de lo que le gustaba Anton, el más alto y fuerte del grupo.

Tamara empezó a actuar de forma muy rara, primero se fue alejando del grupito nuestro. Cuando coincidíamos, a veces hacía algo raro, olisqueaba el viento, me miraba y decía alguna chorrada como que las olas venían un poco desordenadas, aunque he de admitir que con la nariz acertaba siempre.

Veía las series antes que nadie, se ponía de pie en take off tardíos sin perder nunca el equilibrio y en sólo unos días pasó de ser la frágil Tamara a tener más huevos que nadie en el agua. Lo que nos hacía a todos ponernos el listón cada vez más alto.

Las noches entre cervezas eran monotemáticas y Tamara y sus grupo salía en casi todas las conversaciones.

  • Está muy rara desde que sale con Anton, decía siempre Fran.
  • Siempre han sido raros. ¡Bah!, que más da, una menos a la que saltarle las olas, decía Héctor.
  • Esos siempre llegan cuando todos nos vamos. No sé para que van a surfear, sólo les queda media hora de luz.
  • Es muy raro, ¿alguien les ha visto salir del agua? Todos nos vamos cuando se hace de noche, pero ellos desaparecen cogiendo olas en la oscuridad.
  • Si, es muy raro.

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Anastacia

Algo se movió en mis tripas la primera vez que ví a Anastacia surfeando.

Uno más de la manada

La manada, como la llamábamos todos, seguía apareciendo al atardecer, pero una mañana, en la que había decidido madrugar para aprovechar un buen parte, me los encontré a todos. Ya no eran 6, había una chica nueva. Y no podía dejar de mirarla. Era perfecta, de esas bellezas nórdicas que te dejan sin respiración.

Empecé a dejarme caer por el Boardriders, sabía que era el sitio donde siempre iban a tomar una birra por las noches. Era como una droga que dirigía mis pasos una y otra vez hacia la chica nueva. La buscaba en cualquier esquina, buscaba el coche negro de la manada cuando llegaba a la playa. Buscaba su caminar sensual entre las calles de Corralejo. La buscaba por todas partes.

Y la encontraba, sabía donde encontrarla y nuestras miradas se cruzaban, un instante, pero para mí era suficiente.

Tamara tiró de mi brazo con fuerza aquella noche, con demasiada fuerza para sus brazos delgados, pero no me importó su apretón ni su tirón, me llevó derecho a Anastacia. Por fin supe su nombre.

  • Verdad Juan, verdad, que tu sabes de una ola secreta por el Norte.

Yo no oía nada, sólo estaba admirando la profundidad de sus ojos verdes claros.

  • Eh, sí, sí, claro.

Anastacia cogió mi mano y me arrastró a una de las mesas de la esquina. Pidió dos cañas y empezó a hablar. Con ese acento del este rumano.

  • ¿Te gustaría salir conmigo? Quiero decir, ir a surfear un día. Acabo de llegar y mis colegas están siempre en rollo pareja y me siento desplazada. ¡Di que sí, di que sí!
  • Claro, ¿Cuándo?

No podía salir de mi asombro. Vaya suerte que tengo. No me lo podía creer.

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Anastacia-Tatto

Cuando se retiraba el pelo dejaba ver ese lobo tatuado en su espalda.

Una relación abrupta

Y ahí empezó mi relación con Anas. Empecé a quedar con Anastacia al principio para ir a surfear, pero no sé cuando empezamos a ir con toda la manada. Eran raros pero surfeaban muy bien,  y vestían muy góticos, siempre de negro y esos tatuajes tan raros, con lobos y lunas. 

Una  noche de acampada en medio de risas y cervezas frías me cogió la muñeca y me preguntó.

  • ¿Quieres formar parte de la manada?
  • Creo que ya soy parte de vuestro grupo.
  • Todavía no, tengo que contarte algo.
  • Sea lo que sea estoy muy bien contigo, aunque tienes algunas manías raras. Eso de olfatear cuando llegamos al pico, el que puedas correr más rápido que yo y el que no me hayas invitado a tu casa todavía. 3 meses y sólo un beso en tus labios.
  • Por eso quiero hablar contigo. Y apretó con más fuerza mi muñeca.
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Miré su mano y estaba cubierta de pelos y garras. Debía estar alucinando. Tanta cerveza…

Miré su bonita cara mientras los otros bailaban y aullaban alrededor de la hoguera.   ¿Aullaban o gritaban? Parecían perros bajo la luna, o lobos. Se pusieron todos a cuatro patas, Anas me cogió la cara con fuerza y me miró profundamente.

  • ¿Quieres o no quieres?
  • Si quiero, si quiero.

Y  su boca se acercó a la mía y me mordió el labio con fuerza.

La sangre brotó pero estaba perdido, estaba enamorado. Y cuando abrí los ojos estaba solo, habían desaparecido todos. Medio borracho trataba de parar la hemorragia del labio.

Maldita Anastacia, donde te has metido, me pones la miel en mis labios y seguida me la quitas.

Mark-Slave-tatto

Sus tattos siempre en el mismo sitio. Mark Slave. Me decía Anastacia que era el mejor.

Nueva vida

Me dolía la cabeza un horror la mañana siguiente, pero Anas no paraba de tocar el claxon del coche negro descapotable. La saludé desde la ventana, me vestí y bajé al porche.

  • Sube, hoy empieza tu nueva vida.

No dije nada y me dejé llevar por sus encantos.

  • ¿A dónde vamos?
  • A Mark Slave, tienes que hacerte un tatuaje.
  • No me gustan los tatuajes
  • Si quieres pertenecer a la manada tienes que hacerte un tattoo, si quieres estar conmigo tendras que sufrir neno.

Me solía llamar Neno, lo que me hacía mucha gracia.

  • ¿Un lobo? Somos surfers.
  • ¿Tu grupito no nos llaman la manada?
  • ¿Pero un tatto de un lobo?

Juan, ahora eres un lobo de la manada, y yo seré tu loba. Para siempre. Viviremos alimentándonos del miedo de las personas. Surfeamos por placer y este grupo está enganchado al surf, nuestro poder se magnifica en las olas, pero nadie debe saber que somos.

Somos Lobos, lobos de mar, lobos de las olas.

La-manada-en-el-Boardriders

En esa esquina del Boardriders me pidió que saliera con ella.

Aquella tarde me lo contó todo, que me iba a pasar los próximos días, como aprender a controlar la metamorfosis y sobretodo lo del día al mes dedicado a la caza. Los pelos y los colmillos, las garras y las colas.

  • Pero Anastacia, los hombres lobos solo existen en las películas y en las novelas.
  • Dímelo esta noche, cuando tu cuerpo se retuerza de dolor mientras te crecen las garras y te sale el pelo.
  • ¿Estas hablando en serio?
  • Nunca he hablado más en serio en mi vida.

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Kelly slater es un Lobo de las olas. Hay varios en el tour. Su surf sobresale del resto.

Atado con cadenas en el sótano de su casa, mientras todos me miraban, me transformé por primera vez. Y una vez convertido en monstruo mi sed de sangre era tanta que amenazaba romper las gruesas cadenas con cada zarpazo que daba al aire. Era mi bautizo, fue terrible. Pero poco a poco y con la ayuda del grupo fui controlando mis deseos.

El que más me costaba era el de sobresalir haciendo surf sobre todos los demás. Una noche sentados en el confortable sillón del Dodo, un resturante polaco de Corralejo, Anastacia me contaba que en el tour había varios de nosotros. Kelly Slater, John John, Gabri.

¿O piensas que un humano puede surfear a ese nivel?  Ellos son como nosotros pero han decidido mezclarse más entre ellos. Nosotros no podemos hacerlo, nos delataríamos, no tenemos tanta fuerza de voluntad, en algún momento saltaríamos y entonces saldría a la luz la verdad.

La verdad es que los monstruos existen, están viviendo entre nosotros, puede ser el panadero, el fontanero, el chofer de la guagua. O pueden ser un grupo de adolescentes surfistas que van a surfear en las noches claras, cuando la luna ilumina el agua.

Todos tienen una marca que les delata, búscala en sus espaldas. 

 

 

Guía de surf