Uno de esos días

Uno de esos días

Uno de esos días, épico, perfecto. Pocos muy pocos pueden presumir de degustar esas olas perfectas y para ellos solos. ¿Parece un sueño?. Pues despertemos..

Nic Von Rupp share with Tom Lowe, a couple of sessions around Portugal.

A film by Dinis&Gustavo
Directed by Gustavo Imigrante
Filmed by Guy Mac and Gustavo Imigrante
Water Cinematography by Gastão Entrudo
Color grading by Dinis Sottomayor

Olas perdidas

Olas perdidas

No sabía que nunca regresaría

Fotos_ MAGT

Palabras_ Miguel Gomá

“El Devorador de Sueños”


Manuel madrugó aquella mañana de verano. Como casi todos los días de faena, cogió su impermeable azul marino, su gorra de marinero y besó con suavidad los bonitos labios de Rebeca.

Era una mañana soleada, de suaves brisas terrales. Cerró la puerta con cuidado y caminó hacia el puerto. El ruido fue muy tenue, aún así, Rebeca se despertó.

Corrió escaleras abajo, se vistió como pudo y salió detrás de Manuel. Le alcanzó ya casi en el malecón del Sur. Le abrazó con fuerza.

  • No te vayas, cielo.
  • Volveré, te lo prometo, tú prepara la boda, cuando regrese, en unos días, nos casaremos.
  • Te estaré esperando, cada día, en el puerto.

Y le besó en los labios, un beso cálido, de esos que recordarás para siempre, al que quieres volver con premura.

Ella levantó su mano despidiendo a su amor, él la miraba apoyado en la amura de la embarcación.

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Y las olas nunca se lo devolvieron

“Un Amor Frustrado”


Dos días más tarde llegaron los vientos huracanados, Todos corrieron a cerrar puertas y ventanas, las olas parecían envenedadas.

Rebeca, agarrada con fuerza en al asta de la bandera del puerto, miraba el horizonte encrespado.

Su hermana y su madre tiraban con todas sus ganas de sus brazos. “Vuelve a casa, que te va a llevar el mar” y ella gritaba en el viento el nombre de su amor perdido.

Al día siguiente, vestida de blanco, como si fuera a una boda, buscaba respuestas en la playa, entre los malecones, alguna señal de “Victorioso”, el nombre del barco en el que zarpó Manuel.

Ni un trocito de madera, ni una camisa flotando, ni un trozo de red abandonada. Todo, incluso las palmeras, se lo llevó el vendaval de la noche pasada.

Desde aquel día, Rebeca bajaba todas las mañanas, vestida siempre de blanco, porque así, si algún día volvía Manuel, la reconocería.

Empezaron a murmurar en el pueblo que estaba ida, la llamaban la loca del muelle. Siempre que el mar sonaba con bravura, más arriesgaba su vida, tratando de descubrir algo que le devolviera a su amor, entre las olas perdidas que llegaban a la costa.

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Sólo las olas perdidas son testigos mudos de lo que la mar se llevó aquel día

“Un encuentro que llegó al corazón”


Los años pasaron, la mar seguía sin devolverle a Manuel. La loca del puerto de San Blas, así la llamaban en silencio, para que nunca les oyera, seguía buscando entre las espumas y más allá de ellas, y cuando veía un barco a lo lejos le daba un bote el corazón. Ahí vuelve Manuel. – Pensaba.

Una vez, trataron de llevarla a un manicomio, pero muchas familias perdieron a alguien aquel día, así que todos, ayudaban en lo que podían.

Le llevaban comida cuando pasaba días enteros sentada mirando el horizonte. Y un viejo tejedor, la sentaba a su lado.

Y juntos tejían trajes para muñecas. Y así pasaban los años y así se le escurrió la vida.

Un artista de vacaciones, recorrió los callejones estrechos de Nayarit, la localidad de Manuel y Rebeca, a finales del siglo pasado.

Por casualidad pasó por delante de un pequeño comercio donde hacían de forma artesanal trajes para muñecas. Y le llamó la atención una mujer que cosía vestida con un traje de novia.

Como si fuera a casarse al día siguiente.

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Olas perdidas que llegan desde mar adentro

“La historia vendió un millón de discos”


Aquel artista preguntó por aquella dama de blanco, porque, al atardecer, la vio de nuevo correr por las arenas de la playa, oteando el horizonte salado.

Y a la mañana siguiente, la dama de blanco, en el espigón que más se adentraba en el mar.

Las olas vacías de historias, llegaban a la costa, y nadie supo jamás que le paso a Manuel y al resto de la tripulación.

Pero Rebeca. Nunca dejó de bajar al muelle y recorrer la playa. Una historia que se repite en muchos pueblos marineros.

La letra de la canción, basada en el relato de Rebeca, vendió un millón de discos. Muchos oímos la canción, pocos preguntaron quién era la loca, que dejó que sus pies se enraizaran en las rocas del muelle.

Quién era la dama que llenó su mirada de miles de atardeceres. Quién era la dama a quien los cangrejos mordían, su ropaje, su tristeza, su ilusión.

Y los amaneceres, se anidaron, miles de ellos, en su pelo y en sus labios.

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Y nunca la mar le devolvió a su amor

“Cenizas al viento”


La historia corría durante los años 90. Hace unos pocos años, Rebeca se marchó para siempre.

Quizás esté en alta mar buscando todavía a su amor desparecido. Sus cenizas se esparcieron entre las olas que un día se llevaron su ilusión.

En Nayarit, decidieron hacerle un monumento a Rebeca.

Cuando paseaba sacando panorámicas de las olas perdidas del Puerto del Roque. Me topé con la estatua de una mujer oteando el horizonte.

Bajo sus pies rezaba la frase: Monumento a los marineros. Unos días más tarde, ví otra estatua parecida en otro puerto pesquero, la frase contaba: Monumento al Pescador.

Cuando me senté a desarrollar este Enfoques, donde sólo iba a plasmar imágenes de olas bonitas, recordé la película, “La Tormenta Perfecta”. Al final, corrían, como los créditos, cientos de nombres de marineros desaparecidos.

La mar se lleva lo que quiere. No entiende de amores, no entiende de besos fundidos ni de abrazos ardientes.

La historia de Rebeca, fue un éxito musical

“Olas Perdidas”


Todas las olas, todas, son olas perdidas. Vagan por el inmenso océano, y terminan muriendo en las costas de nuestros sueños.

Nuestros sueños, porque la mayoría de los que leen estas letras, soñamos con olas perdidas, solitarias, perfectas que rompen en una cala secreta.

Si hablaran, contarían millones de historias, de calamares gigantes, de cachalotes y ballenatos, de grandes navíos, y de muchos naufragios.

Pero sólo se las oye cuando se enroscan en su último aliento. Y es paradójico, que el fin de ellas, es el momento que más anhelamos.

Porque hay millones de almas que disfrutamos ese momento final con tal sentimiento, que sólo nosotros entendemos y que no se explica con palabras.

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Muchas veces sólo farolas y malecones son testigos de su belleza

“La Puntilla”


Antes se llamaba el Puerto del Roque, ahora es el Puerto del Cotillo. El principal, nace de una pequeña playa y salir de él en días de temporal es complicado.

Sus calles, ahora bien arregladas, pues ya se vive del turismo y últimamente del negocio del Surf, siguen siendo angostas y oscuras, pero muchas terminan mirando al mar.

A la derecha del muelle, baila una dama esbelta, caprichosa para los surfistas, porque necesita una dirección adecuada, un viento que la peine y una marea perfecta para que escupa bonitos tubos.

Los primeros en surfearla fueron ingleses. Como no, ellos fueron los primeros aventureros en descubrir los sabores de las islas.

Su nombre antiguo es Spew Pits. Traducido literalmente es pozo de vómitos. Supongo que le pusieron ese nombre por los sifonazos que da la ola al final de su tubo.

Recuerda un poco al Confital en Gran Canaria. Bajada serena, y luego recoge de golpe en la baja. Un tubazo de los que te muerden el pulso, así corre más deprisa.

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Detrás del pinar marino, entre sus hojas, al fondo, un ángulo más

Para un fotógrafo, siempre hay lugares mágicos donde la luz dibuja colores sorprendentes. La Puntilla es una ola que da muchísimo juego.

Hay miles de ángulos donde puedes obtener una buena imagen. Las calles por donde sólo corre el viento y algún guiri perdido, invitan a soñar imágenes y composiciones únicas.

El roque que se adentra en el mar y cuya cima coronan postes de madera unidos por cuerdas de esparto. El muelle desde donde los pescadores destripan viejas y sargos.

El pinar de costa, la arena amarilla, o la lava del arrecife negra en marea llena, castaña en marea vacía, conforman una paleta llena de olores y colores que pueden mezclarse de forma infinita.

Y luego el verde turquesa del labio de la ola.

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El Pecas es uno de los habituales cuando se dan las condiciones

“El que busca siempre encuentra”


Buscaba imágenes que acompañaran la historia de los pescadores que arriesgan sus vidas en la mar.

Y encontré una carpeta de imágenes que ya no recordaba que estaba ahí. Las fotos son de hace 3 inviernos, algunas se publicaron en su día. La mayoría estaban escondidas.

la carpeta ponía “PUNTILLA”.

Los surfers somos de una raza aparte, caminamos entre los humanos, pero los miramos desde arriba. Es el ego subido al creernos que estamos por encima de los que desconocen el “Feeling”.

Realmente no es así, sólo hemos descubierto un sentido a la vida poco habitual al del resto. Muchos hacemos que todo gire en entorno al Surf, y unos pocos, consiguen vivir de las olas.

Las imágenes de El Pecas, Marlon Lipke, Artiz Aranburu, Tom Lowe, Benjamín Sanchís y Lazi, que siguen bajo estas líneas, fueron tomadas un cálido mes de enero, (o a lo mejor fue febrero).

Aritz Aranburu se hinchó a tubos (secuencia) 

Faltaba poco para que se desfasara la ola. Aguanta hasta el metro y medio, quizás hasta casi los dos. Pero llega un tamaño que ya rompe fuera, y no coge bien la baja .

Entonces sólo llega espuma rota y no sirve. Pero con el tamaño justo los tubos están asegurados.

Sancho los hizo de pie, agachado, a contrapico…

Benjamín Sanchís, no suele faltar a la cita. Se ha enamorado de las olas majoreras y junto con Tim Boal suele pasar meses en esta tierra de cabras, Sol y arena.

Cada año descubren una nueva ola que les engancha. Las costas canarias guardan secretos que sólo los locales saben. Pero hay muchos que no sabe nadie.

Descubrimos picos nuevos cada año. Este, ya no es un misterio. Pero sólo es apto para los que les gusta la adrenalina.

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El Pecas, sabe trabajar los tubos como nadie.

Nuestro trotamundos. Pecas, vino de la Gran Canaria, antes pasó por Tenerife. Ha catado las mejores olas del archipiélago.

Vino hace dos años de Hawaii. Le pregunté, ¿qué tal las olas? “Que se las queden, pa ellos. Como Canarias no hay nada igual”. Me dijo con risa burlona.

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Bajo la sombrilla, los pescadores destripan el pescado mientras caen olas perdidas.

Justo bajo el espigón, hay una mesa de madera. En ella, ponen los marineros el pescado recién cogido esa mañana.

Encima de la mesa, a la derecha, hay una decena de restaurantes, con vistas a la ola, puedes sentarte y mirarlas morir. Mientras, el camarero te sirve unas lapas, o una fritura de pescado fresco.

Aritz Aranburu, caminando entre olas perdidas

Quizás Aritz conoció a alguien, que le preguntó antes de nadar hacia ellas. Mira a ver si entre sus espumas, encuentras el recuerdo de un marinero.

Seguramente, si ese muelle fuera San Blas, Aritz hubiera conocido a Rebeca. Sabría su historia. Pero seguro que conoce otras, igual de dramáticas, igual de tristes, igual de amargas.

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Mil sitios donde robarle un instante al tiempo.

Callejuelas estrechas que van a parar al mar. Y desde ellas, las ves llegar. Un millón de olas perdidas.

No tiene perdida, déjate llevar, el olor a marea vacía, el sonido del agua al tronar.

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Lazi, su cara lo dice todo.

Es más canario que el gofio. Nació de padres extranjeros, pero dice “chacho” y “calufa”, aunque su nombre y sus apellidos parezcan de otro planeta.

He fotografiado a muchísimos surfers, pero no recuerdo a ninguno sonriendo dentro de un tubo.

Creo que Lazi es el único surfer que conozco que disfruta de verdad de la habitación de cristal.

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Ellos corretean sin saber que mueren con tal perfección.

Rebeca, seguro que las ha visto perfectas, rompiendo sobre las rocas donde esperaba un trozo de algo que avivara su esperanza.

Si no es por las fotos que guarda, la cara de Manuel, hacía ya mucho que se le hubiera borrado de su memoria.

Esta imagen hará que recuerdes siempre, como es la forma de ella, de esa que rompe perfecta.

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Lazi, ¿existe un surfer más feliz?

Otra vez el chico de la sonrisa perpetua. No hay un tubo sin una sonrisa. No hay sonrisa si no es dentro de un tubo.

Mañana, volverán las olas, a veces estamos atentos al parte, otras, el viento cambia de repente, y cae perfecto. Y no hay nadie en el pico, sólo un fotógrafo que pasaba por allí y su cámara fue el único testigo.

Aritz Aranburu otra vez dentro de una ola perdida (secuencia)

¿Les dije que Aritz se había hinchado a coger tubos?

Probablemente vuelva este año. Aritz triunfa siempre que viene. Tiene una lectura muy buena de esta ola.

amor

Paredes que guardan recuerdos

En el mismo paseo donde la estatua mira eternamente a la interminable superficie azul y blanca, se halla una pared llena de recuerdos e historias, de botes de pescadores, de artes y de nasas.

Y debajo de las fotos, en madera pintada, está crucificada una palabra. AMOR, quizás Platón tenga razón y en la vida no hay más sentido que el que engloba esa expresión.

[Que difícil es escapar de las noches que el no está, no hay un solo día que ella quiera volver, no hay más gritos que ese mar, vida que arranca cobarde, que lucha, que sueña y perderá.

Los silencios nunca quieren ser los que guardan tanto que perder, ahora toca entender que hacer sin sus abrazos. El destino tiene miedo a saber donde parará su amor. Solo el aire de ese mar, le dará lo más difícil de tener, de saber y de sentir.]

[Lo que pasó en ese puerto no es teoría, son pensamientos que atraviesan nuestra piel.

” Devuélveme el trozo de tí, ese que prometíste que volvería”. “Que me castigue el cielo si no estás”. No lo interpretó como debía.

El destino caprichoso se llevó lo que más amaba, dejando una sensación de locura extrema. Ese día murió su alma con él.

Ahora toca entender, que unas veces nos da la vida y otras nos la arranca con un dolor bailando lento, en nuestro pecho.]

[ Por Ylenia]

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En memoria del Fula

En memoria del Fula

Quemao Class 2016

El “spray” de la ola había salpicado la parte posterior de sus orejas, sintió como la fuerza del mar acariciaba con pequeñas gotas su espalda, hasta escupirle de las entrañas de la bestia.

El tubo, como siempre en ese lugar, es intenso. Te sientes pequeño cuando vez llegar la masa de agua. Todo se queda sin sentido alguno, sólo existe ese momento, ese take off vertical.

Esa iba a ser la última, pero siempre hay otra más, sobretodo aquel día de olas perfectas, que nos invitaban a brindar con cañerías de cristal ese 1 de enero del 2009. Así, con los hombros cargados, y las fuerzas que te quieren abandonar; David, remó a por una más, la anterior tenía que ser la última, pero fue a por una más. La marea estaba vacía, el viento suave y terral, decidió entrar de lleno, para no malgastar más sus fuerzas, y entonces vio la serie que llegaba, remó y giró en el momento crítico, daba igual, llevaba dos horas surfeando, la situación estaba más que dominada, parecía fácil, esta vez más critica la bajada, pero con el nivel que tenía, sería un poco más de adrenalina, un poco ponerse más al límite.

David Infante “El Fula”, invierno 2009. Foto_ MAGT

Aquella si que sería su última ola. La última del día, la última del baño, la última de su vida. Nunca sabemos cuando nos toparemos con la señora de la guadaña afilada, pero nos está esperando en todas partes, en cualquier momento. Nadie está exento de su golpe.

Flores en la mar. Lágrimas en las mejillas. Nunca nos prepararon para el final.

¿Quién fue David Infante, “El Fula” para lo amigos? Algunos decían que era un gran surfer, otros que era una gran persona.

La idea original, era hacer que su memoria no se perdiera en la línea del tiempo, acertado fue crear este evento en su recuerdo. Las muestras de cariño van y vienen y gracias a Jorge, organizador de esta prueba tan especial, especial por David, por la ola, por el enclave, por lo que significa para algunos, para aquellos que todavía guardan en sus adentros su imagen, que vive para siempre en sus pensamientos.

Antes de despedir este post, después de difundir que no queda nada para que se repita la imagen soñada de tubos perfectos, al final, dejaré unas palabras de un encuentro casual, o no, del encuentro de un ángel y una familia que necesitaba aliento, pero eso nos lo guardamos para el final.

David Infante “El Fula”, el día que se fue. Foto_ José V. Glez

El Quemao es de ese tipo de olas que dejan con la boca abierta, con la mirada fija y perdida en el horizonte, viéndola llegar, esas líneas que vienen quien sabe desde que lugar remoto. Impone su fuerza, pero es más su belleza, su perfección, para un surfer Quemao es Pipeline, siempre nos ha gustado comparar. La reina mundial tiene una aprendiz que muchas veces la supera. Nace sobre la piel de los volcanes, la Tierra del fuego indomable. Y muere sobre ella misma, en menos de un minuto, breve, hermosa, intensa. El que no la ha visto nunca y llega por primera vez, aun no sabiendo que es el surf, corre presto a sacarle una foto. Es una belleza mortal.

El año pasado fue un lujo verles surcar sus paredes, aunque el que escribe estas líneas no lo pudo ver en directo, tampoco este año me será posible. Me corroe el alma el no estar allí, pero las grabaciones, me traerán visuales que harán que recuerde a que huele la baja que come almas de ángeles.

Siempre aparece cuando sopla el viento del Sáhara. Foto_ José V. Glez

Esta vez será mejor que el año pasado, el parte promete olas más grandes, viento más offshore, y el listado de los que van a disfrutar de los redondos tubos, promete calidad y muchos minutos de diversión. Falta hacer el streaming, pero con el tiempo El Quemao Class se convertirá en la prueba de Surf más relevante del viejo continente, porque no hay dama igual con encantos tales que deje indiferente a cualquiera.

La ola siempre se surfeaba en marea llena, decían que en marea vacía estaba muy seca y que era un suicidio, pero creo que después de surfearla Eric Rebiere fueron muchos locales los que cataron la marea vacía. Hoy día la ola se surfea en todas las mareas, la izquierda es impresionante, el tubo es muy profundo si la surfeas a contrapico, pero los regulars tienen su Backdoor particular, y hay veces que uno no sabe que está mejor si la izquierda o la derecha.

La fuerza muy de Norte es muy mala, porque suele cerrar la ola, y cuando viene limpia del Oeste, entonces, rompe con una benevolencia perfecta. Al terminar la izquierda, se vuelve a formar otra vez, la ola entonces es más pequeña, pero su tubo es tan cuadrado que me recuerda un Teahupoo pequeño, en marea baja esa ola cierra a saco sobre un palmo de agua. casi siempre hay que abandonarla si no quieres romperte la crisma contra las rocas.

Y rompe perfecta de izquierda y de derecha. Foto_ José V. Glez

Hay algunos locales que le tienen cogido el callo, Manuel Lezcano, Jorge López “El Goma”, Marco Imbernón, Francisco Saenz “Franito”, José María Cabrera, son alguno de los más carismáticos, pero hay otros, que viene de otras isla, y la matan…

Hasta Tom Carrol, Gary Elkerton y Rooby Page han probado la fuerza de sus tubos, todos coinciden, es muy similar a Pipeline.

2016 creó que marcará un punto de inflexión, porque lo vamos a hacer todos con más pasión, poniendo el alma en el evento. Y ya los que vienen a competir aseguran un espectáculo digno del coliseo romano.

Carlos Marqués, a contrapico el tubo es intenso. Foto_ José V. Glez

PARTICIPANTES INTERNACIONALES

ERIC REBIERE – BEN SANCHIS –  TOM LOWE – NIC VON RUPP – ALEX BOTEHLO – JOAO DE MACEDO – OTHMANE CHOUFANI – MARC LACOMARE – BRUNO SANTOS – TIM BOAL – JOSHUA BRADDOCK – WILLIAM ALLIOTTI – ANDY CRIERE

PARTICIPANTES NACIONALES

ARITZ ARAMBURU – ENEKO ACERO – INDAR UNANUE – NACHO GONZALEZ – GONY ZUBIZARRETA – EUKENI MASA – DAVID ZUMO

PARTICIPANTES CANARIOS 

JOSE MARIA CABRERA – JONATHAN GONZALEZ – MANUEL LEZCANO – LUIS DIAZ – FRANITO SAENZ – CARLOS MARQUES – ANTONIO MARQUES – YERAY GARCIA – MARCO IMBERNON – ALEX ZIRQUE – JULIAN CUELLO – JOSE ROMAN GRAU

 

No es la lista definitiva, y la organización del evento se guarda los nombres de alguna sorpresa internacional. Así que igual aparece Kelly Slater. ¿Quién sabe?

Gony Zubizarreta, en los tubos vas estirado. Foto_ José V. Glez

UN ÁNGEL EN MAJANICHO

Llevo en mi recuerdo aquella tarde, lo he guardado para siempre en mi memoria. Es un homenaje a un colega pero sobre todo a una madre.
Esa tarde volvíamos para Lanzarote después de pasar tres estupendos días en Fuerte. La verdad es que llovió bastante pero lo pasamos muy bien. Ya de regreso hacia Corralejo hicimos a media tarde, una obligada parada en El Cotillo. Nos acercamos a la playita para ver si nos podíamos dar un baño, pero una vez allí comenzó a llover, así que decidimos poner rumbo al barco, por la carretera de tierra de Majanincho que, yo, no conocía.
¡Qué bueno! Jose conducía, mientras Patric (mi hijo) y yo disfrutábamos del paisaje. La verdad es que atravesamos bastantes lagunas que se habían formado en la carretera , pero la lluvia dejó una puesta de sol con un cielo maravilloso. Casi llegando a Corralejo nos topamos con un enorme charco. Dudamos antes de meternos por el centro pero al final decidimos que era mejor ajustarnos al lado derecho, que se podían ver unas matas de aulagas, pensando que habría menos profundidad.
En cuestión de segundos nos vimos inmersos en el lodo (mezcla de tierra y arena) con el Toyota ladeado, el barro hasta la puerta y un griterío en busca del culpable, de mil pares de narices. Una vez comprobado que los nervios no conducen a nada, y que la tracción estaba anulada, ya que teníamos dos ruedas en el aire, di un salto y me metí hasta las rodillas en el agua para comprobar la situación. En ese momento dos todo terrenos uno a cada lado de la carretera pararon para socorrernos. Tuvimos suerte ya que el conductor de uno de ellos era David, “El Fula”, no lo conocíamos hasta ese momento, pero enseguida se ofreció a ayudarnos. Lo intentamos todo, él llevaba cuerdas en su todo terreno así que tratamos de remolcarlo, pero no había forma, su coche patinaba, mientras el nuestro estaba como succionado por el barro. Así que comenzamos en plan B, que era llamar a todo el mundo. Con su ayuda, abandonados por el resto de gente, comenzamos a agotar nuestros recursos, mientras caía la noche: la grúa del seguro, la policía local, los bomberos, los contactos del Fula. Al final conseguimos que viniera el camión grande de los bomberos y pudimos sacar el Toyota de allí, ya que de mientras, la carretera había desaguado bastante. Aprovecho este momento para volver a dar las gracias a los bomberos y a la policía local, pero sobre todo a David que con su gran sonrisa no nos dejó en ningún momento y no solo eso sino que además nos ofreció su casa para pasar la noche. Llenos de gratitud y de alegría nos despedimos.
Aquella tarde encontramos un ángel en Majanicho.
Así era David un hombre con una energía límpida , una gran sonrisa, con mucho amor por dentro y por fuera.
Ayer llegábamos de Madrid y cuando supe que había sido él la víctima del Quemao la congoja se apoderó de mí y las lágrimas, ¡que mala suerte!. No me unía una amistad, solo, un par de horas en las que nos mostró la clase de persona que era.
Por eso a pesar de todo, guardé y seguiré guardando su ángel en mi memoria. Queda un favor sin devolver, que he querido convertir en palabras que me gustaría llegasen a su madre, con todo el cariño más profundo de mi corazón.
Gracias por ese hijo tan maravilloso, por ese ser tan bueno, por ese surfero tan amante del mar, al que todos sus colegas querían, estoy convencida de ello. Un ser libre……..en el recuerdo de todos.

Jose, Patric y Beatriz.

 

 

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