SEPTIEMBRE, 2019

Textos Y fotos: MAGT

Sobretodo, quería escapar de la contaminación de la gran ciudad, del tráfico, del stress de los pedidos en el agobiante restaurante de comida rápida que tanto odiaba, porque nunca fui a comer a uno de esos sitios, y cuando entré a trabajar, todavía me gustó menos.

No sabría decir el motivo exacto, quizás porque pierdes el contacto del calor entre las personas.

Estos lugares son tan fríos. Además, tienes que hacer una cola para hacer el pedido, pagar por adelantado, esperar que te lo traigan, de la comida mejor no hablar y al final, tienes que recoger tu la mesa. ¿En qué bar o restaurante español se sirve así?

Nunca entendí por qué estos sitios de comida rápida han tenido tanto auge en España, la tierra de la dieta mediterránea.

Otra de las cosas por las que pasé más de dos años trabajando era para escapar de las manifestaciones. Mi padre, currante de esos que que trabajan con el pitillo entre los labios, que empezó cargando ladrillos y cemento y que después de la crisis tuvo que volver a empezar como panadero, pasaba los ratos libres en las plazas de Madrid.

El 15M se había convertido en todo un símbolo para la lucha de clases en este país. La crisis había golpeado muy fuerte.

Ya nunca más volveríamos a vivir como antes del 2008. Yo era pequeño, pero recuerdo muy bien cada manifestación, la de todos en las plazas, la de los desahuciados. Nosotros fuimos de los que nos robaron la casa los bancos.

También la de la lucha por la sanidad, la marea verde, la igualdad entre las mujeres y hombres, las pensiones dignas…

En eso si que no hemos avanzado mucho.

 

Dejé atrás la lucha de mi padre por un país más justo escapándome a un paraíso perdido.

De la sociedad patriarqual a las dunas de Corralejo

Las chicas son un mundo aparte, siempre las hemos considerado como el sexo débil, y siempre será así, y lo vivo de cerca en Madrid, todos los días. En ese terreno no se ha avanzado mucho, aunque lo parezca, siempre están en un segundo plano.

Odio como algunos tratan a su pareja, como si fueran su sirvienta. Odio llegar a casa de un amigo y que siempre sea la madre quien nos prepare la merienda, aunque trabaja tanto como su padre.

Odio como hablamos de ellas cuando se reunen los grupitos de machitos. Siempre he odiado esa forma que nos han enseñado la sociedad de que la mujer esté siempre en segundo plano.

Y odio de nuevo como dos hombres pilotan el avión que me lleva a mi paraíso y es una guapa muchacha la que me ofrece un bocadillo.

Y cuando llegué a mi destino, la cosa no había cambiado en ese aspecto, si había mejorado algo. Esta lucha del feminismo, todavía le queda mucho por recorrer.

Mis fines de semana los pasaba entre masa y masa, pero alguna vez fui a alguna fiesta privada, en casa de algún amigo. Formaba parte de un grupito de chicos y chicas, fui el último en llegar y todos ya tenían su pareja formada. Eran bastante “liberales”, lo pongo entre comillas, porque recuerdo la última vez que fui de fiesta con ellos a casa de Marta.

Y me presentaron a su prima, una chica bastante rellenita, así ya todos teníamos pareja. La música se escondía en cada rincón que iban ocupando las parejas según se iba acabando la sangría. pero entre vaso y vaso Fran y Marcelo se comían la boca.

Fran era el novio de Marta, y yo estaba ya comiéndome el rosco de su prima, pero la chica no me gustaba nada. Así que en un cruce de pasillos a la salida del baño, me fui a por la tía buena del grupo.

Marta, recibió al principio mi beso robado con asombro, pero se dejó llevar y después del primero llegó el segundo. Hasta que apareció Fran preguntando: ¿Qué pasa aquí?

  • No pasa nada. Respondía yo mientras me preguntaba que él si podía besar a Marcelo o a otra chica pero su novia, Marta, era sólo de él. Otra vez ese machismo que odiaba.

 

Se sucedían calas de aguas turquesas y arenas blancas, una tras otra.

La isla no era bonita cuando aterrizamos

El avión tomó tierra mucho más suave que cuando despegamos. Mi primera sorpresa fue ver que el paisaje no era lo esperado, una costa muy llana llena de rocas negras y feas y un océano azul oscuro.

No había ni un árbol que pudiera hacerle sombra a un Sol que que destacaba sobre un cielo azul claro.

Más de 2 años ahorrando, para venirme a este lugar de destierro, en medio de la nada que no se parecía a nada de lo que me habían prometido las revistas de surf, ni las webs de surf, ni algún colega que vino de paso.

Mi preguna era: ¿Y yo voy a pasarme los próximos 4 meses en esta isla tan fea?

Mi primera residencia, con unas impresionantes vistas a Lobos.

Mi primer error

Todos cogían las maletas, menos yo, estaba desesperado. ¿Cuánto tengo que esperar por mis tablas de surf?

Pregunté a una chica en un mostrador. La cinta para equipajes especiales es la 1 o la 15. Me dijo.

Pero ni en la una ni en la 15, las tablas de surf habían desaparecido. Ese fue mi primer gran error del viaje. Las tablas de surf, siempre es mejor comprarlas en Canarias.

Primero porque son más económicas, y segundo porque igual, como ya les contaré más adelante, mejor alquilarlas en una tienda donde cada día puedes ir cambiando de tabla, según esté el parte o según a ti te apetezca.

Mi teléfono y la dirección donde iba a quedarme fue todo lo que me pidieron en la oficina de equipajes perdidos.

4 meses me parecían ya una vida por delante sin haber salido del aeropuerto todavía. Mis tablas de más de 1800 euros desaparecidas. Yo en una isla plana, sin árboles y una costa llena de rocas negras y encima sin olas como en el Mditerráneo.

Bajé de la guagua y paseé por una larga avenida que recorría la costa.

Todo mi itinerario durante 4 meses

Mi destino era una villa al norte de la isla. Corralejo. Ese era, según lo que había leído, el mejor lugar para un surfer en Canarias.

Antes fue un pequeño pueblo pesquero, pero la especulación lo había convertido en una villa turística, aunque todavía queda algo de sus raíces, sobretodo si hablamos sobre lo de comer pescado fresco en los restaurantes de la zona.

Subí, ligero de peso, a una “guagua”, así llaman los canarios al bus de toda la vida. Primera parada Puerto del Rosario, la capital de la isla.

El trayecto, de no más de 8 kilómetros, exceptuando una playa coronada al sur por un pequeño hotel, nada parecido a lo que me esperaba.

Pto del Rosario, un pequeño pueblo donde las aceras son de tierra y hay decenas de calles con terrenos sin construir.

Vamos, un pueblo sin planificación que ha crecido hacia el centro de la isla de forma desordenada.

Aunque he de decir que más adelante encontré una zona que habían adecentado bastante bien, pegado al mar. Y ahí cambió mi concepto sobre este pueblo que la gente llamaba capital.

 

Camino al paraíso

Todo lo que había contratado, la planificación de mi viaje lo hice siguiendo un directorio para surfers llamado surfguide.surf, les recomiendo cada lugar descrito en esta guía, porque es 100% surf style. Y vale la pena visitar cada sitio.

Iba a pasar por varias surf houses, Mi primer alojamiento iba a ser una villa a pie de playa. Villa Bahía con unas vistas alucinantes donde se oteaba una bonita playa, la isla de Lobos y Lanzarote al fondo. Más adelante descubrí que a sólo 300 metros rompía una ola excelente.

La “guagua, sale cada hora desde la estación rumbo a Corralejo. Los primeros 15 minutos, el paísaje hacía recordarme mi primera impresión sobre la isla. Seco, plano, y rocas en la costa. Pero a lo lejos se veía una montaña, que me parecía la pata de un elefante, de un color rojo oscuro intenso.

Cuando llegas a su falda, todo empieza a cambiar, primero son pequeños charcos de arena blanca salpicados entre la lava reseca de algún volcán.

Y de repente, todo se vuelve de un amarillo pastel, y el mar cambia de color, el azul oscuro desaparece para dar lugar a un verde turquesa que enamoraría hasta el más vulgar de los mortales.

Una cala paradisíaca aquí, otra más allá. Sólo el negro del asfalto destacaba entre tanto paraíso. Y entonces, supe por qué había elegido esta isla. Y en ese momento quise pasar el resto de mi vida en ese lugar.

Y todavía no habían olas. De todas formas no estaba aún preparado. Me quedaban dos semanas de curso con 4 escuelas diferentes.

Quería empaparme de todo, aprender de todo y sobretodo descubrir ese lugar de ensueño que tanto me había imaginado mientra viajaba en metro, bajo el subsuelo de Madrid.

Si te ha gustado este artículo

En RADICAL SURF magazine nos comprometemos para seguir aportando cultura a la forma de vida y el deporte del surf.

Nuestros socios y socias hacen un esfuerzo para que podamos escribir noticias como esta. Sin ellos RADICAL SURF MAG no sería posible. Si te ha gustado este contenido y también quieres unirte al proyecto SURF REVOLUTION, sigue el link.

CRÓNICAS SALADAS

10 razones para venir a Canarias en primavera

CRÓNICAS SALADAS

La tabla que ganó el Quemao Class

Share This